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Profesionales de la información y compromiso con el desarrollo

Cómo citar este artículo:
Tejada-Artigas, Carlos-Miguel. “Profesionales de la información y compromiso con el desarrollo“. Anuario ThinkEPI, 2011, v. 5, pp. 52-54.

Profesionales de la información y compromiso con el desarrollo

SI EN UNA SITUACIÓN como la actual hemos de dar credibilidad al axioma de que quien tiene el poder es quien custodia la información, ya que puede imponer el uso que le satisfaga y actuar -en consecuencia- como gestor de los contenidos que maneja, se hace más lamentable la falta de acceso a la información e incluso la ausencia de posesión, hasta de documentos impresos, que acucia a gran parte de los centros de información de los países menos desarrollados.

Cada profesión tiene un compromiso social en el sector que ocupa y que, en el nuestro, bien puede estar simbolizado por las actividades que abordan organizaciones como Archiveros o bibliotecarios sin fronteras, Cooperación para el desarrollo y bibliotecas, Desarrollo de las bibliotecas africanas lusófonas, o aquellas que se alcanzan a través de la participación creciente en las convocatorias de proyectos PCI de muchas Oficinas de cooperación universitaria al desarrollo, o en otras hechas por las Comunidades Autónomas o por sus propias universidades.

Se constata así el compromiso creciente con la cooperación al desarrollo de las asociaciones profesionales y de las universidades que imparten titulaciones de nuestra área.

Se trata de cumplir una labor social mediante la colaboración en aquellos lugares donde son escasos los recursos o en donde los conflictos bélicos o las catástrofes naturales ponen en peligro el patrimonio documental. Los países donde esto sucede difícilmente pueden defender sus valores identitarios, conservar su memoria histórica o apostar por el derecho a la información y la transparencia administrativa cuando no disponen de profesionales convenientemente formados o no cuentan con las infraestructuras necesarias mínimas.

Bien cerca del sur de Europa tenemos realidades que precisan de ayuda urgente y del trasvase de nuestro sector, que se obliga a ello por la madurez alcanzada en las últimas décadas, pues realmente no es nada fácil trabajar con pocos recursos o intentar poner en marcha instituciones que carecen incluso de elementos estructurales fundamentales para cumplir su misión principal.

Parece indudable la función social que cabe cumplir a las unidades de información, especialmente a las bibliotecas, en el desarrollo sostenible y en la cultura de esos países próximos. Sin embargo, es el nuestro un campo cuya acción va más allá de las intervenciones técnicas profesionales, al estar vinculado también a la formación permanente y a la educación superior. Esto además le obliga en responsabilidades para mejorar el acceso a la educación o para apoyar la formación universitaria de los profesionales de esos países.

Como parte indudable del sistema educativo, las bibliotecas protagonizan un papel fundamental en su mejora. El analfabetismo es uno de los mayores problemas en los países con menos recursos, pues les da una proyección muy pesimista. De ahí que el establecimiento de pequeñas bibliotecas busque promover el urgente desarrollo educativo y cultural.

Respecto a la formación universitaria, es obligatorio el compromiso de pasarles nuestra experiencia, de ayudarles a organizar titulaciones y, lo más sangrante, de dotar a esas titulaciones de bibliotecas con fondos actualizados y de acceso a la red. Sin ellas no se puede hablar hoy de una formación superior, ni siquiera de una formación profesional válida.

La formación del personal de la información-documentación no sólo tendría, pues, como mayor reconocimiento que se aplicasen prácticamente los conocimientos adquiridos en su formación, con el consiguiente aumento en la calidad de los servicios, sino que se dotaría a estos países de unas plataformas de aprendizaje y servicio intelectual cuyos beneficios les acercarían paulatinamente al nivel que injustamente se les ha negado hasta ahora. Y se les daría así la opción cierta de ser responsables de su futuro. Desde luego volvería a corroborarse en este caso la sentencia de Kuan-tzu cuando evidenciaba que es mejor enseñar a pescar a alguien que darle el pescado.

En los últimos años se han ido generando espacios de encuentro e intercambio que han servido para promover actividades educativas, formativas y de desarrollo en las que va adquiriendo progresiva presencia el mundo de la información-documentación. Es especialmente llamativo, por lo vacío del panorama hace tan solo diez años, el crecimiento de la cooperación con África. Son ya tres los encuentros internacionales de universidades con África que han servido para mejorar el conocimiento mutuo entre España y los países africanos. No ha sido ajeno el esfuerzo entregado desde Casa África para dar a conocer el potencial del continente africano a través de actividades en todos los ámbitos. Pues bien, en esas actividades, intercambios y proyectos la aparición de nuestro sector se va afianzando. Se ha debido, de una parte, a la concienciación progresiva del colectivo profesional y académico, pero también a la seguridad de que está valiendo la pena el esfuerzo hecho, pues la realización de estas acciones exige mucha tenacidad.

Las posibles acciones de cooperación comienzan por establecer un diálogo que posibilite el conocimiento mutuo que, desde la experiencia de trabajo, permita analizar la situación de cada centro y las prioridades de atención, para posteriormente identificar el conjunto de actividades a emprender. Creo que es una auténtica alegría y aliciente para la acción que las técnicas docentes y profesionales de las que disponemos sirvan para mejorar las competencias profesionales de quienes afrontarán la responsabilidad de enfrentarse al procesamiento y al resto de rutinas en la gestión de la información.

Su enriquecimiento profesional ha de ser paralelo al crecimiento que sus países tienen que experimentar. Nuestra colaboración puede plasmarse en acciones técnicas, de capacitación o de apoyo a la puesta en marcha, mejora y actualización de sistemas. Incluso en la formación de colecciones, muchas veces imposible de hacer por carencias fundamentales.

Es cierto que cuanto se relaciona con la alimentación y con la medicina son los objetivos fundamentales, pero de alimentar y de cuidar se trata también aquí. Como bien muestra el compromiso de las universidades que imparten nuestras titulaciones. Lo que saben hacer es enseñar. Y en esa línea se espera su participación bajo diferentes formas, como diseñar un plan de estudios, revisarlo, traspasar técnicas de enseñanza a distancia, actualizar a los profesores o facilitar el ingreso en masters y doctorados.

Si empezamos a reconocer este empeño estamos en la vía para  que muchos proyectos de cooperación se concreten en nuestra área. Comprometerse con estas ideas supone una tarea de enorme responsabilidad, principalmente en años de vacas flacas en que los presupuestos no ofrecen mucho margen de actuación. Estaremos obligados a hacer tortillas con pocos huevos. Sin olvidarnos de que una participación más activa servirá para transferir el conocimiento a quienes más lo necesitan. Vale la pena, ¿no?

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