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Bibliotecario, trae tu propio smartphone a la biblioteca

Si con internet y los medios sociales se han perdido los límites de horarios en la prestación de servicios y se habla de una biblioteca 24/7 (a la que yo añadiría el 365), con los dispositivos móviles se diluye la línea entre los recursos de la institución y los del personal. Y es que cada vez es más frecuente que los bibliotecarios se valgan de sus propios smartphones para probar nuevos servicios, consultar aplicaciones, acceder a contenidos que puedan serles de utilidad en su entorno laboral, leer y responder a los últimos correos electrónicos o actualizar los perfiles de la biblioteca en las redes sociales.

Con la llegada de internet en los noventa probablemente el primer lugar donde nos conectamos la mayoría de los profesionales fue en el puesto de trabajo, desde un ordenador adquirido por la biblioteca. Después se han ido generalizando en los hogares. En este momento está sucediendo todo lo contrario con la incorporación de la tecnología móvil: el personal va por delante de la biblioteca en cuanto a dotación de smartphones, el dispositivo móvil más popular con diferencia —el 64.7% de los usuarios de telefonía móvil tiene uno en nuestro país1—. Algunas de las utilidades de los smartphones (como telefonía, mensajería o agenda de contactos) les sitúan en el ámbito de lo personal. Con tabletas y lectores de libros electrónicos la tendencia no es tan clara, pues su adquisición por parte de las bibliotecas está justificada por su uso para la lectura.

En el ámbito empresarial anglosajón se ha acuñado el acrónimo BYOD (Bring Your Own Device, trae tu propio dispositivo)2 para referirse a las políticas de empresa que fomentan el uso por parte del personal de sus terminales en el ámbito laboral. De esta forma, los empleados aportan sus recursos, lo que supone un importante ahorro para la empresa y, por otra parte, estos se sienten más identificados y cómodos con su propio equipamiento.

Sobre esta práctica preocupa especialmente la seguridad de los datos de la empresa y se plantea la necesidad de establecer políticas específicas.

En muchas bibliotecas los usuarios sí pueden llevar sus ordenadores portátiles u otros dispositivos móviles y conectarse a la wifi, pero no existen políticas BYOD referidas al personal bibliotecario, y probablemente tampoco se haya planteado la necesidad. El uso por el personal de la biblioteca de sus propios smartphones en el entorno laboral o por motivos de trabajo se hace necesario para quienes deseen recomendar aplicaciones a sus usuarios, comprobar que el código QR generado funciona correctamente, experimentar la lectura en formatos electrónicos o, simplemente, conocer las iniciativas de otras bibliotecas relacionadas con los dispositivos móviles.

Desde mi punto de vista, los pros superan a los contras. La biblioteca se beneficia de la experiencia adquirida por el bibliotecario en su ámbito personal, pues esto le sitúa en un nivel de entendimiento del usuario y de sus necesidades informativas en movilidad, le da un conocimiento del medio y le convierte en mediador. Gracias a este modelo, que se ha implantado de manera espontánea e informal, están prosperando en algunas bibliotecas de nuestro país iniciativas relacionadas con la movilidad de los contenidos, como el desarrollo de entornos adaptados a los dispositivos móviles, el uso, recomendación y desarrollo de aplicaciones nativas o la introducción de códigos QR, y se están dando las primeras experiencias sobre realidad aumentada. El bibliotecario de Muskiz, Fernando Juárez, ha señalado en varias ocasiones esta situación.

Pero, ¿hasta qué punto está el personal de las bibliotecas dispuesto a cruzar esa línea entre lo personal y lo profesional? El smartphone no sólo viene con nosotros al trabajo, sino también a casa, y con él el correo electrónico, los perfiles en Twitter o Facebook y otras utilidades profesionales. Se podría decir, por lo tanto, que los smartphones son dispositivos “persofesionales”. Este término, utilizado por Javier Leiva para referirse a los espacios en que se mezcla lo personal y lo profesional, como sucede en las redes sociales3, define muy bien la relación con nuestros dispositivos móviles.

¿Hasta qué punto son flexibles nuestros entornos laborales como para admitir que sus empleados utilicen el móvil en el puesto de trabajo? Recordemos que hablamos de bibliotecas, en muchas de las cuales se pueden encontrar carteles que prohíben utilizar el móvil y donde los usuarios demandan silencio.

Los smartphones son medios de acceso a la información y cada vez los utilizamos menos como teléfonos móviles —así lo asegura el bibliotecario de Muskiz y cada vez estoy más de acuerdo con él—. El principal uso que los españoles hacen del smartphone es la consulta de información y de noticias; los cuatro puestos restantes en la lista de los cinco primeros lo ocupan la consulta de información meteorológica y sobre deportes, los mapas y las búsquedas1. Por lo tanto, ¿cómo van las bibliotecas a cumplir con su misión de facilitar el acceso a la información si ni siquiera pueden familiarizarse con la tecnología? En este sentido no cabe duda de que el sistema BYOD parece ser la mejor solución en el actual contexto.

Notas

1. Según datos de ComScore publicados el 16 de enero de 2013.
http://www.comscoredatamine.com/2013/01/what-are-the-spanish-doing-on-their-smartphones

2. Este artículo, publicado en TICbeat, introduce brevemente las implicaciones de las políticas BYOD en las empresas:
http://www.ticbeat.com/sim/adoptar-byod-quedarse-atras

3. Leiva Aguilera, Javier (15 junio, 2009). “Persofesionales”. Comunidad de prácticas Promoción de servicios de información en redes sociales. Disponible en:
http://comunidad20.sedic.es/?p=241

Cómo citar este artículo:
Arroyo-Vázquez, Natalia. ” Bibliotecario, trae tu propio smartphone a la biblioteca”. Anuario ThinkEPI, 2013, v. 7, pp. ¿¿-??.

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