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Adaptación y reacciones del sector bibliotecario a la crisis de presupuestos públicos para Cultura

1. La crisis en la Cultura

Desde 2012, el sector cultural está viviendo momentos muy difíciles. Ha quedado prácticamente a la intemperie, desprovisto de buena parte de sus fuentes de financiación, y está teniendo que buscar nuevas formas de resistencia, supervivencia o reinvención. En este texto vamos a intentar dar una panorámica de la situación tanto en las bibliotecas como en otros centros que conforman el tejido educativo-cultural de proximidad.

En el ámbito de la iniciativa cultural desde el sector público, ha habido una reducción enorme de presupuestos que están incidiendo en su programación, en la adquisición de colecciones, en la cancelación de proyectos, ciclos o festivales y todo tipo de actividades. Y a ello se sumaría la reducción de los patrocinios de empresas, fundaciones bancarias y de cajas de ahorro que apoyaban las actividades culturales públicas.

En el ámbito de la iniciativa privada, por su parte, la industria cultural sufre por factores evidentes, como la menor capacidad adquisitiva de los interesados para la compra de entradas de espectáculos, libros o acudir al teatro o al cine. La gran subida del IVA igualmente supone incremento y asunción de mayores costes en el sector que no los ha podido aplicar a los precios públicos. Los cambios en los modos de consumo cultural en el contexto digital también aminoran los ingresos de las formas de comercialización tradicionales, así como la disminución drástica de la subvención de proyectos e iniciativas culturales por parte de todas las administraciones y/o la dilación de pagos. Todo ello ha dificultado la sostenibilidad de proyectos, artistas y empresas culturales que trabajaban para centros públicos, realizando para ellas exposiciones, talleres u otros eventos y servicios.

La crisis económica ha afectado a todos los ámbitos de la Cultura, desde los más modestos y necesarios a los rutilantes y huecos, pues ha hecho explotar también lo denominada “burbuja cultural”. Como bien reflejó el programa de televisión  “Salvados” (2012) de La Sexta, una parte de la política cultural pública produjo infraestructuras gigantescas insostenibles y promovió grandes eventos, con un alto coste y una finalidad especulativa y efectista en lugar de educadora y participativa.  De acuerdo con Francisco Jarauta -refiriéndose a la Región de Murcia, pero extensible a otras-: “[…] Ha sido una época de fuegos de artificio, de espejismos, de ilusionismos de todo tipo […]. Ha sido realmente algo irresponsable, políticamente hablando me parece que es uno de los despilfarros más ilegítimos que en los últimos años se han producido. Querer construir una modernidad a través de tales artificios me parecía ilusionista e irresponsable desde el punto de vista de la ética civil. Ahora que uno de los sectores más afectados por la crisis es precisamente el cultural, ahora es una situación de mínimos y de rigurosamente ‘nadas’. La cultura no es sólo los grandes gestos y programas, es todo aquello que nos hace y nos ayuda a ser dignos, a ser libres, a tener conciencia. Nosotros hemos perdido, de una forma irresponsable, unos años que hubieran servido para construir otro tipo de cultura y de relación  democrática. Ha sido lo contrario” (Carreres, 2012).

La política preponderante actualmente está basada en medidas implacables de reducción del déficit de las cuentas públicas a través de la menor financiación de servicios básicos, y ello está amenazando sectores clave del estado social. Hay una tendencia a privatizar los servicios que pueden generar beneficio al sector privado y los grandes grupos financieros, y a reducir el gasto en los demás. Este enfoque, que durante 2012 ha llevado al empeoramiento de las condiciones de acceso a la educación, la sanidad, los transportes, la atención a las personas con dependencia o discapacidad, las pensiones, la Universidad o la tutela judicial, está afectando igualmente a esa cultura educadora y cívica que Jarauta defendía, porque es uno de los servicios públicos que el Gobierno no ve imprescindibles o financiables en la situación que vivimos. Y dentro del sector cultural, las bibliotecas son uno de los elementos más débiles con la concepción política enunciada, porque carecen de rentabilidad económica directa y el impacto en ellas de los recortes tiene menor repercusión en la opinión pública, exhausta de tantas malas noticias, que otros muchos recortes.

2. La cuestión de los datos culturales

Las apreciaciones anteriores pueden considerarse muy genéricas, y se deberían apoyar más concretamente en los datos de las estadísticas culturales. Sin embargo, la precipitación de los acontecimientos de este año 2012, el retraso en la elaboración y difusión de los datos de las estadísticas, y las limitaciones de éstas, hace más útiles las fuentes periodísticas para conocer la realidad. Las estadísticas oficiales de Cultura, igual que las de bibliotecas, quizás no están hechas para identificar los problemas en momentos muy críticos, pues no siempre los evidencian: según ellas parecería que casi nada está pasando.

Si acudiéramos al Resumen del Anuario de Estadísticas Culturales (2012), veríamos que hasta 2011 sólo había disminuido un 2% el empleo cultural. El gasto público en Cultura permanecía casi estable, pues el menor esfuerzo de la Administración central y autonómica lo compensaba la Administración local. El consumo cultural en los hogares bajaba sólo un 2.8%, quedando en 313 euros el gasto medio por persona. En paralelo, además, esta misma fuente reflejaba un número record de inscritos en bibliotecas, dieciocho millones, con un total de doscientos quince millones de visitas a los casi nueve mil puntos de servicio bibliotecario.

Sólo cuando empezamos a ver incorporados datos de 2011 aparecen algunos síntomas de la crisis en el mundo bibliotecario. Así, aunque viendo datos de “Bibliotecas públicas españolas en Cifras” (Ministerio, 2012) y la “Panorámica de las 52 Bibliotecas Públicas del estado” (Ministerio, 2013), todo parece estable, la profundización del análisis de Villoldo, Hernández y Arroyo (2011) revela que en adquisiciones e incorporaciones a las bibliotecas públicas en 2010 ya hubo diecisiete millones de inversión menos, con la bajada destacada de Andalucía (62,3% menos), y Murcia, donde hubo una reducción del 55,2%. Y en 2011 comienza a verse el descenso de presupuesto para adquisiciones en las Bibliotecas Públicas del Estado, que ya repercute en el préstamo de adultos, referido a materiales no librarios como música o cine. Algo muy significativo teniendo en cuenta que en las crisis tiende a aumentar el uso de las bibliotecas por la disminución de renta y el alto índice de desempleados (Reetu, 2012).

A pesar de ello, como venimos de una década de mejora sostenida de la inversión en bibliotecas, nuestro Ministro de Educación, Cultura y Deporte ha afirmado que “las bibliotecas han tenido muchos recursos en los últimos años. Hay, me parece, 226 millones de libros […] A mí me gustaría que hubiese más recursos, pero las bibliotecas públicas están bien surtidas. Faltarán las novedades…” (Entrevista en El país; Seisdedos 2012).

No parece acertado que el principal responsable del servicio público bibliotecario minimice los daños en el mismo. Podría excusarse afirmando la inevitabilidad de la medidas restrictivas que se están tomando, pero trivializar sobre su efecto no es coherente. Porque se va mucho más allá, dado que en 2013 no se consigna fondos para adquisiciones en las bibliotecas públicas del Estado, se cierran programas de ayudas o subvención para los municipios, y las administraciones autonómicas y locales también eliminarán muchos gastos corrientes y bastantes de los de personal. Ello implica menospreciar la aportación de las bibliotecas a la mejora de la educación y el aprendizaje permanente, al derecho a la información y a la generación de oportunidades para las personas en riesgo de exclusión.

Pero, ¿cuáles están siendo realmente los daños? Gracias al Mapa en Google de recortes en los servicios bibliotecarios1 y a los colectivos “No al préstamo de pago”2, la “Plataforma para la creación del Colegio profesional en Madrid” (Coabdm)3 o el blog Defensa bibliotecaria4, se está teniendo constancia regular de bastantes despidos de profesionales, reducciones de horarios, cierres, cancelación de programas de subvención o actividades como clubes de lectura o talleres, confirmándose el previsible empeoramiento de la situación en las bibliotecas (Gómez Hernández, 2012).

Una búsqueda en Google news sobre el último mes referido a noticias de prensa española con los términos “biblioteca”, “crisis” y “recortes” nos daba 2.500 referencias. Pero a pesar de este esfuerzo de visibilidad, creemos que la acumulación de recortes de servicios públicos y de noticias de tanta gravedad como los desahucios, el crecimiento de los españoles que se alimentan gracias a los comedores sociales y la solidaridad ciudadana, la restricción del derecho a la salud a las personas inmigrantes, el cobro por los medicamentos o la privatización de hospitales,  los hogares con todos sus miembros desempleados, la fuga de cerebros por la emigración de los jóvenes mejor formados, etc., ha hecho pasar bastante desapercibidos para la ciudadanía los problemas de las bibliotecas. No olvidemos que durante 2012 ha habido 36.200 actos de protesta y manifestación social, según respuesta del Gobierno a una pregunta parlamentaria5, lo que da indicio de la enormidad de problemas vividos y la dificultad para lograr que entre ellos emergieran las cuestiones bibliotecarias.

En la prensa hemos visto los ecos, por ejemplo, de los despidos de colegas bibliotecarios de ciudades medianas como Guadalajara, Cuenca o Albacete, pero no tanto los de municipios pequeños que han cerrado las bibliotecas por toda la geografía española. Hemos podido observar que en las Comunidades Autónomas con un sistema bibliotecario poco articulado los daños han sido mayores, porque éstas se han limitado a financiar las bibliotecas de su dependencia directa –normalmente su biblioteca regional o autonómica- y han dejado de dotar los programas para ayudar a las adquisiciones, subvencionar contrataciones de personal o apoyar la formación de los profesionales de la red de bibliotecas locales. Ello se acentuará en 2013 con la cancelación de estas ayudas en Castilla-La Mancha6 o Madrid7, por ejemplo, y está siendo muy perjudicial para los servicios o la existencia misma de las bibliotecas en los municipios de menor tamaño que no pueden sostenerlas por sí solos.

Además hay muchas incidencias que no trascienden y que son relevantes: que envejezcan y no se puedan actualizar las tecnologías informáticas o no se reparen si se averían, que queden lagunas en colecciones, que no se puedan abrir los servicios en los horarios que los usuarios pueden acudir, que se pierdan programas formativos y culturales, que se despida a contratados para volver a sacar los servicios a concurso meses después con peores condiciones, que se les obligue a hacerse autónomos o convertirse en empresa8 para mantener la vinculación, o que no se invierta en innovación.

En el sector educativo, aun sin datos precisos, nos parece que la crisis estará dando un golpe más en las bibliotecas escolares: cierre o gran reducción de horarios por la disminución de plantillas en colegios e institutos, falta de dotación de colecciones y medios tecnológicos, y reducción en los programas y centros coordinadores de innovación, formación y gestión. En las bibliotecas universitarias, aunque la firmeza de sus estructuras hace más difícil tambalearlas, hay detalles significativos por más que pasen desapercibidos: en mi universidad, para el ahorrar el pago del IVA por la suscripción de revistas científicas, se tuvo que limitar a los investigadores el acceso a las mismas, algo que se debería ver como una carencia significativa para los estudiantes de grado.

Una pérdida dolorosa –como fue en 2011 el cierre de Educación y biblioteca- está siendo el desmantelamiento de importantes servicios de biblioteca de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez. Iniciativas que desde los años ochenta han estimulado y popularizado la promoción de la lectura, la formación de usuarios, el estudio de la literatura infantil, los servicios de mediateca y biblioteca juvenil y la labor de las bibliotecas en el mundo rural, han sido interrumpidas, y diez miembros de la plantilla despedidos en el Centro de Salamanca. Han sido canceladas las Jornadas sobre bibliotecas infantiles y escolares cuando iban a llegar a su vigésima edición, y se cierra el Departamento de análisis y estudios de Peñaranda con el despido de cuatro profesionales más. No podemos comprender que se esté interrumpiendo una trayectoria coherente y útil, que gozaba de credibilidad social, con el argumento de priorizar la investigación de la lectura digital (Casillas, 2012). Y que se traslade el apoyo económico a la nueva Casa del lector, que por ahora no es más que un ejemplo de caída en la burbuja cultural: una inversión estimada en 30 millones de euros, falta de proyecto conocido y escasos contenidos, en 8.000 m2 de naves ubicadas en el antiguo Matadero de Madrid.

Lo grave es que, en general, con el ritmo de cambio en el mundo de la información, el estancamiento supone retroceso: al dificultarse la innovación en los servicios, las bibliotecas se alejan de las tendencias en la comunicación e información de los ciudadanos y pierde interés lo que pueden ofrecer y las vías de hacerlo.

3. Adaptación y reacciones para la supervivencia y el mantenimiento de los servicios

En 2013 la política económica marca un objetivo de reducción de déficit aún más duro, llevando a una nueva reducción de los presupuestos de las administraciones autonómica y local, responsables de soportar los costes de las bibliotecas públicas. Con la expectativa de seis millones de personas desempleadas y muchas situaciones de carencia extrema, no podemos esperar sino todavía menos financiación pública para la cultura o las bibliotecas. Y más cuando nos estamos viendo abocados a un nuevo modelo de gestión cultural: la alternativa que se ofrece es que la Cultura se base en la iniciativa privada, el mecenazgo, y que éste compense la reducción de la inversión pública.

Respecto al mecenazgo, el proyecto de Ley prevé desgravaciones de entre el 60-70% para las sociedades que inviertan en el sector cultural. Y también contempla el micromecenazgo, una figura que permitiría a los ciudadanos, sin necesidad de constituirse en sociedad, destinar desde 150 euros a determinados proyectos, y desgravarlos íntegramente (EFE, 2013). Según declaraciones del Ministro, “el papel del Estado debe ser el de un facilitador para que las industrias culturales puedan andar solas” (Seisdedos, 2012).

Este nuevo modelo crea incertidumbre por la necesidad de captar patrocinadores privados y puede dejar, previsiblemente, desasistidos aquellos sectores de la Cultura –como el bibliotecario- cuya actuación no se ciñe normalmente a eventos concretos sino que consiste en servicios permanentes a la ciudadanía. En ellos difícilmente las empresas privadas verán rentabilidad directa o publicitaria para hacer su aportación, o les costará establecer compromisos estables.

Presentada en su crudeza la situación, diremos que las bibliotecas y la Cultura -y sus trabajadores- no se han quedado en hibernación esperando tiempos mejores. Al contrario, han buscado soluciones o medidas paliativas e intentado adoptar actitudes personales y profesionales para mantener la actividad y la autoestima. Evitar que el pesimismo o las dificultades nos paralicen es una buena decisión, porque lo contrario aumentaría el daño sobre nuestras instituciones.

Una primera observación es que hemos visto que los Servicios de Cultura, los centros culturales, las bibliotecas y todo tipo de programadores, han intentado promover el máximo número de actividades posible y mantener, aun en formatos reducidos, sus principales ciclos y programas. El fin ha sido demostrar capacidad gestora con menos recursos, mantener eventos para que no desaparezcan y lograr su continuidad cuando la crisis empiece a remontar.

Para hacer esto posible se ha acudido a muchas fórmulas: se han suprimido gastos de impresión de materiales promocionales; se ha reducido los pagos a los artistas y se les ha pedido que aceptaran vincular su cobro a un porcentaje de taquilla o recaudación por inscripciones; se han reducido al mínimo los gastos de alojamiento, viaje y manutención; se ha contado con voluntarios; y se ha pedido la participación gratuita a conferenciantes, profesores universitarios, expertos, usuarios o escritores. Hemos visto también la microfinanciación solidaria a través de servicios como Goteo, que hizo posible, por ejemplo, el Festival TitereMurcia9 mediante aportaciones voluntarias a partir de 5 euros. Con todo ello, viendo las agendas de las ciudades medianas o grandes, se diría que ha habido tantas actividades culturales como siempre, o más.

Igualmente, están habiendo muchas propuestas culturales independientes o autónomas, a partir de asociaciones constituidas por los propios interesados. Han extendido el uso de fórmulas novedosas para dar cauce a la expresión de artistas jóvenes o noveles, o simplemente para satisfacer deseos culturales sin la dependencia o ayuda de la Administración. Sólo en la ciudad de Murcia tendríamos la Asociación La azotea, el Ateneo Los pájaros, El quirófano o Espacio K. Cuentan con el trabajo de sus propios integrantes, la disposición para darse a conocer de músicos, grupos de actores o artistas plásticos, incluso el intercambio o trueque de servicios para ayudarse mutuamente en función de las respectivas habilidades… Aunque el reto de la sostenibilidad aún está por superar, por ahora tienen programaciones envidiables por su viveza, diversidad y participación.

Y algo parecido ocurre con algunos Centros Sociales Autogestionados, que han ido surgiendo con la ocupación de edificios abandonados, y que son viables cuando se pacta por convenio con los propietarios unas condiciones de uso. Muchos particulares se han hecho organizadores culturales, y creo que desde los servicios institucionales se les debe apoyar. Son la semilla y la consecuencia de una nueva política: Un Estado que deja abandonada la Cultura obliga a la gente a intentar organizarse para satisfacer por sus propios medios sus necesidades culturales: el que su aventura continúe puede requerir nuestro acompañamiento en lo que nos demanden.

Las bibliotecas también han desarrollado acciones para acentuar su utilidad social. Han orientado su programación a los temas formativos para personas desempleadas, captado actividades culturales y de animación lectora gratuitas y aprovechado el voluntariado en tareas de apoyo escolar o formación. Se han implicado en tareas solidarias de colaboración con bancos de alimentos y buscado subvenciones donde las pudiera haber. Quizás a modo de ejemplo se podría destacar la Biblioteca Pública de Guadalajara, que ha reivindicado la necesaria financiación pública para adquisiciones (Díez, 2013) y descrito en El país sus estrategias de resistencia (Constienza, 2012). Su fuerte vinculación social ha permitido la participación de los lectores en el pago de suscripciones o la compra de novedades, la organización de exposiciones o lecturas por los usuarios, mantener sus clubes de lectura con casi treinta años de trayectoria, y el Maratón de cuentos con ayuda europea.

Otra cuestión es la búsqueda de la eficiencia y el ahorro en los procesos, donde hay que seguir trabajando: hay medidas de eficiencia energética, de gastos de papel u otros materiales, de optimización de tareas técnicas y de cooperación en adquisición de materiales o con asociaciones, y entidades cercanas, que pueden ir orientando los recursos a las prioridades emergentes y de más utilidad social.

En cuanto al aprovechamiento de las tecnologías y los contenidos digitales, vemos necesario hacer un esfuerzo a pesar de la precariedad de las circunstancias. Para los españoles es básico estar conectados a través de teléfonos inteligentes, y hacen prioritario comprarlos para informarse y comunicarse continuamente. (Fundación Telefónica, 2013). Por ello, adaptar nuestras interfaces para poder estar en tabletas y smarphones es importante: facilitamos que nos usen, no es costoso (Arroyo, 2013), y nos permite aprender como profesionales. Debemos canalizar la producción de contenidos digitales de interés para los usuarios y explotar los contenidos gratuitos de calidad existentes en internet, pues son maneras de subsidiar la dificultad de acceder a los contenidos de pago y potenciar lo local. Debemos poner el máximo de atención en detectar nuevas necesidades de servicios digitales, para buscar mecanismos que ayuden a proveerlos, aprovechando la colaboración de los usuarios y desarrollos de bajo coste. Pero, además, para nosotros es igualmente importante seguir siendo un espacio físico y relacional, de estancia confortable, donde se pueda cargar el portátil o el móvil, acceder gratis al wifi y pasar de la conexión digital a la personal en un entorno educativo y cultural.

En el plano reivindicativo, como ha destacado Anglada (2012) debemos defender las bibliotecas porque no lo harán otros por nosotros, y quizás organizadamente a través de las asociaciones profesionales. Así, éstas deben hacer seguimiento de los efectos de la crisis en sus territorios, por lo que es loable el estudio que promovió la Asociación andaluza de bibliotecarios (Gutiérrez, 2010). Y explicitar las razones de nuestra utilidad social, como hizo el Argumentario elaborado por el Cobdc (2012) para difundir los beneficios que producen.

Es imprescindible dar evidencias del impacto, tanto en los ciudadanos como en las instituciones en que se insertan las bibliotecas: cuando las bibliotecas de Barcelona, por ejemplo, llevan siete años siendo el servicio municipal mejor valorado10, entiendo que será muy difícil justificar reducciones de horarios o interrupción de programas culturales, por más que se tengan que realizar con menos medios.

Y, por último, si va adelante el modelo de financiación basado en el patrocinio,  el mecenazgo o el fundraising, tendremos que aprender a conseguir captar recursos que completen la financiación pública escasa: ¿cómo convencer a un empresario local de que costee una nueva sala de ordenadores para la biblioteca?, ¿podemos alquilar nuestros espacios los fines de semana para actos sociales?, ¿se pueden captar más donaciones o legados de particulares?.

4. Reflexión final

Concluiría con una idea ya expresada por Anglada (2012): no deberíamos minusvalorar el impacto de la crisis en las bibliotecas o su importancia frente a otros “recortes”, porque debemos mantener la convicción de que su función social es fundamental: son equipamientos que permiten y refuerzan el crecimiento de las personas y el aprendizaje autónomo y permanente y la alfabetización tecnológica; permiten la satisfacción de las aficiones individuales y refuerzan los hábitos en los que se apoyan los demás sectores de la cultura; y contribuyen a la inclusión y la cohesión social y comunitaria, porque son un refugio para mucha gente excluida o en riesgo de estarlo. Por eso es oportuno recordar el discurso de García Lorca en la inauguración de la Biblioteca de Valdevaqueros11: “No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro”. Luchemos por seguir pudiendo ofrecer ese libro y lo que hoy implica.

5. Notas

1. http://goo.gl/maps/cNHrt

2. http://noalprestamodepago.org

3. http://coabdm.wordpress.com

4. http://defensabibliotecaria.blogspot.com.es

5. Noticia de Europa press de 12 de enero de 2013.
http://bit.ly/13pGDRM

6. http://bibliotecariosasociadosdecuenca.blogspot.com.es/2012/10/cero-ayudas-bibliotecas-se-acaba-con-el.html

7. http://coabdm.wordpress.com/2012/12/14/presupuestos-para-bibliotecas-de-la-comunidad-de-madrid-y-iii-eliminacion-ayudas-a-bibliotecas-municipales-y-otros-recortes

8. El Anuario de Estadísticas Culturales (2012a) ya reflejaba el paso de 1.391 en 2008 a 3.806 en 2011 el número de empresas culturales dedicadas a atender bibliotecas en 2011, por una especie de emprendedurismo obligado que es más bien una precarización.

9. http://goteo.org/project/calle-titeremurcia-no-2012

10. http://bit.ly/VZyFdR

11. http://www.aab.es/aab/images/stories/Boletin/101/9_miscelanea.pdf

6. Referencias

Anglada, Lluís. (2012) “¿Podemos hablar de crisis desde las bibliotecas?. Anuario Thinkepi, v. 6, pp.
http://www.thinkepi.net/%C2%BFpodemos-hablar-de-crisis-desde-las-bibliotecas

Arroyo-Vázquez, Natalia. (2013). “Nueve errores comunes en la aplicación de la tecnología móvil en bibliotecas”. Anuario Thinkepi, v. 7, pp.
http://www.thinkepi.net/nueve-errores-comunes-aplicacion-tecnologia-movil-bibliotecas

Carreres, F. (2 diciembre, 2012). “La política cultural ha sido fuegos de artificio. Francisco Jarauta”. La verdad, pp. 14-15.

Casillas, A. (20 junio, 2012). “La Fundación Ruipérez reajustará su plantilla y se orientará a la investigación”. La gaceta de Salamanca.

COBDC (2012). “Argumentario profesional: el valor de las bibliotecas en un mundo en crisis”. Document.
http://www.cobdc.net/document/observatori/argumentario-profesional-el-valor-de-las-bibliotecas-en-un-mundo-en-crisis

Constenla, T. (14 octubre, 2012). “Guadalajara, la biblioteca que resiste”. El país.
http://cultura.elpais.com/cultura/2012/10/13/actualidad/1350148036_241892.html

Díez, G. (11 enero, 2013). “Las bibliotecas exigen dinero para novedades”. El día digital.
http://bit.ly/10wdS8i

EFE (4 enero. 2013). “Mecenazgo, propiedad intelectual y Biblioteca Nacional, tres leyes para 2013”. La vanguardia.
http://www.lavanguardia.com/cultura/20130104/54358813513/mecenazgo-propiedad-intelectual-biblioteca-nacional-tres-leyes-2013.html

Fundación Telefónica (2013). Informe sobre la sociedad de la información en España 2012. Madrid.
http://e-libros.fundacion.telefonica.com/sie12/aplicacion_sie/ParteA/datos.html

Gómez-Hernández, José-Antonio (2012). “La previsible agudización de la crisis en las bibliotecas públicas durante 2012”. Anuario Thinkepi, v. 6, pp. 55-61.
http://eprints.rclis.org/16916

Gutiérrez Santana, F. et.al (2010). “Estudio sobre el impacto de la crisis económica en las bibliotecas andaluzas”. Boletín de la Asociación andaluza de bibliotecarios, v. 100, pp. 119-136. http://www.aab.es/aab/images/stories/Boletin/100/7_impacto_crisis_economica.pdf

La Sexta (2012). Salvados. “Cuando éramos cultos”. [Vídeo de la emisión de 11 de marzo].
http://www.lasexta.com/videos/salvados/2012-marzo-12-2012031200018.html

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http://www.mcu.es/estadisticas/docs/capitulos_graficos/AEC2012/cuadro_resumen_aec_2012.pdf

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Seisdedos, I. (29 diciembre, 2012) “Habrá una ley de mecenazgo esta legislatura”. El país.
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Villoldo, F. J.; Hernández, H.; Arroyo, N. (2011). “Biblioteca pública y crisis económica (2) Las bibliotecas públicas en 2010: el desarrollo de la última década, en peligro”. Boletín de la Asociación Andaluza de bibliotecarios, n. 102, pp. 187-191.
http://www.aab.es/aab/images/stories/Boletin/102/11_bibliotecas_crisis_2.pdf

Cómo citar este artículo:
Gómez-Hernández, José-Antonio. “Adaptación y reacciones del sector bibliotecario a la crisis de presupuestos públicos para Cultura”. Anuario ThinkEPI, 2013, v. 7, pp. ¿¿-??.

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