Posts Tagged by Bibliotecas públicas

La previsible agudización de la crisis en las bibliotecas públicas durante 2012

Cómo citar este artículo:
Gómez-Hernández, José-Antonio. “Previsible agudización de la crisis en las bibliotecas públicas durante 2012“. Anuario ThinkEPI, 2012, v. 6, pp. 55-61.

Previsible agudización de la crisis en las bibliotecas públicas durante 2012

Me gustaría no tener que escribir las líneas que siguen, pues siempre es preferible tratar de los avances y mejoras de los servicios bibliotecarios que de sus problemas. No pretendo ser pesimista ni resignado o catastrofista, sino llamar la atención sobre las dificultades que creo que se avecinan, con la voluntad de que los bibliotecarios hagamos lo posible para disminuir los daños sobre las bibliotecas y los destinatarios de sus servicios.

En estos meses finales de 2011 se están haciendo los presupuestos autonómicos y municipales, bajo el imperativo de políticas de reducción del déficit y el control del gasto, que llevarán a fuertes recortes de la inversión en bibliotecas. En la actual crisis económica, y con el modelo de respuesta que se le está dando, será muy difícil evitarlo. Plantear este tema y ver cómo afrontarlo es el objetivo de nuestra reflexión, aunque pueda estar equivocada o ser imprecisa en alguna de sus observaciones, dado lo cambiante de la situación y lo complejo de conocer circunstancias que a veces tardan en salir a la luz.

1. La evolución de la crisis en el sector bibliotecario

Como todos sabemos, durante 2011 nuestros gobiernos autónomos y locales han visto menguar sus ingresos por razones diversas: menos recaudación de impuestos, menos capacidad para financiarse mediante emisiones de deuda pública, menos recepción de fondos del Estado central y recortes aprobados a lo largo del ejercicio. De ello se va a una rebaja de los servicios públicos, de los gastos de personal, de las inversiones y de los gastos corrientes.

Habiendo menos a distribuir, los servicios culturales son de los primeros candidatos a sufrir recortes: no se perciben como prioritarios respecto a otros como la Sanidad o la Educación, o puede haber sensación en el ciudadano corriente de que ya existe bastante oferta.

Respecto a las bibliotecas, aunque han aumentado mucho su visibilidad social y reconocimiento conforme han mejorado sus servicios, corren el riesgo de no verse tan fundamentales como son, por la tendencia al consumo privado de contenidos culturales o por el crecimiento de la información disponible en internet, que aparenta abarcarlo todo.

Además, las bibliotecas comparten  Consejerías o Concejalías que gestionan otros servicios culturales y educativos que quizás tengan más fuerza para captar los recursos que queden: eventos culturales periódicos ya arraigados, centros de arte, festejos populares o festivales. En situaciones de crisis aguda es difícil evidenciar el capital social que generamos frente a los ingresos tangibles que genera un concierto que atrae miles de personas que gastan en hoteles, restaurantes, bares y transportes. Por eso tenemos que ser tan activos en la difusión de los valores y beneficios que consiguen nuestros usuarios, las oportunidades que generamos en las personas, y más en las más desfavorecidas.

Las bibliotecas en los ayuntamientos medianos y pequeños (donde no están muy consolidadas o funcionan con personal eventual), van a tener seguramente dificultades para competir con otras necesidades de los municipios. Estos años se ha ampliado servicios con fórmulas que no siempre se han podido consolidar, y pueden ser de las primeras en caer: un personal para servicios multiculturales que era subvencionado por el Ministerio de Política Social, una sala de ordenadores cuyo responsable venía por una financiación de la Dirección General de Sociedad de la Información y a la vez atendía biblioteca, un contrato para llevar la biblioteca que provenía de fondos de los Servicios Regionales de Empleo, de fondos de garantía social o de contratos para jóvenes, de una subvención autonómica mantener al bibliotecario durante unos años…

Si estas ayudas se anulan o aminoran se puede llegar a la reducción de horarios y a cierres temporales de bibliotecas. En los años de bonanza se deberían haber estabilizado esos puestos de trabajo, pero si no se ha hecho puede que no haya recursos para costearlos en 2012, o habrá que darse mucha prisa para demostrar su necesidad.

Se añadirá a este problema la menor aportación que van a percibir del gobierno central y de los respectivos gobiernos autónomos. De hecho, ya este año 2011, Autonomías como Murcia, Castilla-La Mancha o Cataluña no recibieron recursos para adquisiciones bibliográficas por el bloqueo del Ministerio de  Hacienda a los convenios con regiones que no habían cumplido sus límites de endeudamiento. Y ayuntamientos que no han liquidado sus cuentas adecuadamente del año anterior han tenido retenidos sus ingresos.

Aunque los datos estadísticos exactos se conocen siempre con cerca de dos años de retraso, es evidente que la situación es grave, y así lo muestran simples constataciones y hechos que se están conociendo en nuestro entorno y seguramente estarán pasando en otros lugares del país:

- Los programas de mediadores interculturales para dar servicios de integración dejaron de subvencionarse por parte del Ministerio de Política Social, y los gobiernos autónomos no los han mantenido o los han dejado en forma testimonial (por ejemplo en mi comunidad sólo quedan mediadores en la Biblioteca Regional, no en el resto de bibliotecas municipales donde se daba).

- Hay una reducción del presupuesto de adquisiciones. En la biblioteca antes citada hay un cartel anunciando que se ha suspendido temporalmente el servicio de petición de adquisiciones por parte de los usuarios. Como usuario he ido viendo a lo largo del año que casi no se compraban novedades de cómic, casi no había fondos para renovar los títulos de los clubes de lectura, etc. Esta semana hemos leído también que se suspendían las adquisiciones en la Biblioteca General de Navarra.

- Se produce una reducción de la aportación autonómica para las bibliotecas integradas en las redes regionales de lectura pública: además del descenso producido, me temo que para el año que viene no habrá financiación para las bibliotecas de la Red Regional de Murcia en programas finalistas como fomento de la lectura o adquisiciones.

- Se está empezando a ver una reducción de personal y de horarios de servicios bibliotecarios: como antes decíamos, algunas bibliotecas de pueblos pequeños o medianos en las que los bibliotecarios tenían condición de interinos o contratados temporales están viendo interrumpidos antes de tiempo o concluidos sus contratos. En la Región de Murcia a la vuelta del verano no se abrió la biblioteca de Ricote, un pequeño pueblo donde es el único recurso cultural, y que se atendía a la vez que la sala de acceso a internet. Y en Moratalla, un municipio bastante más grande (casi mil kilómetros cuadrados) con una biblioteca todavía con un catálogo manual, se ha cancelado el contrato de técnico de biblioteca para informatización y otras labores de servicio bibliotecario en pedanías. Empiezan a aparecer en la prensa noticias relativas a este tipo de problemas: que si en el granadino barrio del Zaidín se cierra la biblioteca, que si en Albacete a una biblioteca le ha cortado la luz Iberdrola por impago municipal, que si en Cádiz los vecinos protestan por la reducción de horarios bibliotecarios en San Fernando…

- Las actividades culturales de las bibliotecas también se han reducido o se seleccionan bajo el criterio de su gratuidad. Ello ha perjudicado no sólo la oferta cultural, que era complementaria y compensatoria del resto, sino que ha hecho perder empleos de los trabajadores que se nutrían de contrataciones de la biblioteca, tales como cuentacuentos, actores. Es digna de mención la cancelación de la Feria Regional del Libro en Murcia desde 2009, pero acabamos de difundir la cancelación de salones de cómic en Zaragoza o Valencia…

Se van conociendo algunas situaciones igualmente preocupantes, relativas a los espacios bibliotecarios: Según han denunciado en Iwetel sus trabajadores, a la Biblioteca Valenciana le han ocupado parte del  edificio de San Miguel de los Reyes para oficinas administrativas de la Consejería de Cultura de la Generalitat. Bajo la excusa del ahorro en instalaciones se está desmantelando el proyecto de esta biblioteca autonómica, que quizás no ha llegado a arraigarse ni ha sido apoyada en su Comunidad, pues de lo contrario no se habría realizado esa extraña ocupación, impensable en otras bibliotecas autonómicas.

2. Riesgos y consecuencias

En nuestros servicios ya el estancamiento es retroceso, lo que implica un empobrecimiento del servicio: envejecen colecciones, lo que las hace menos interesantes; se pierden usuarios que demandan información y contenidos actualizados; las tecnologías se hacen obsoletas o no se reparan y mantienen, disuadiendo de su uso, se interrumpen ciclos de actividades o servicios que había costado años consolidar.  A título de ejemplo, en la Biblioteca Regional de Murcia hubo un descenso en de casi  70.000 préstamos respecto al año anterior: De 658.000 en 2009 se bajó a 589.000 en 2010. Esto es un simple síntoma de cómo afecta la reducción de la inversión en novedades, y esa tendencia nos tememos que continuará este año, porque ha seguido bajando la renovación de la colección a pesar de la mayor necesidad ciudadana.

De cara a 2012 parece que todas estas tendencias se van a agudizar: si los ayuntamientos tienen menos recursos, su prioridad lógica será que el dinero alcance para las nóminas del personal funcionario y fijo, y no se renovarán muchos contratos temporales o que no se financien con una dotación finalista para  consolidación del personal de la biblioteca realizada por la Administración autonómica. Los gastos corrientes para adquisiciones, mobiliario, tecnología y actividades van a estar al mínimo.

Los recortes en Educación que estamos viendo proponer ya en las comunidades autónomas con políticas más conservadores afectarán a las ya de por si precarias bibliotecas escolares, a sus pobres colecciones, sus programas de desarrollo y a la atención que pudiera darles el personal docente en sus horarios no directamente lectivos. Ello hará crecer también la necesidad y la demanda del colectivo de estudiantes de enseñanza obligatoria sobre las bibliotecas públicas.

El sector universitario también está preparando recortes de al menos el 20% de su presupuesto para colecciones, pero sufre menos riesgo en materia de personal porque sus plantillas son en mayor medida de funcionarios. Pero hay jubilaciones que no se cubren, contratos con cargo a proyectos que se pueden cortar o reconversiones que pueden llevar a despidos, como creemos que está pasando en la biblioteca de algunos centros asociados de la Uned. Y tras las elecciones generales del 20 de noviembre probablemente el nuevo gobierno se permitirá o se verá obligado a incrementar los recortes que ya está poniendo en práctica el actual, por la imposición de “los mercados”.

3. Posibilidades, argumentos y actuaciones

En este contexto, los bibliotecarios pueden hacer poco si trabajan en solitario, pues es difícil ser reivindicativo cuando la amenaza se llega a cernir sobre el pago de los salarios. Como colectivo, nuestras asociaciones y organizaciones profesionales no son fuertes ni tienen una suficiente tradición de lucha en aspectos económicos y laborales. Y la ciudadanía, a pesar de la expansión de los movimientos sociales contrarios a las políticas de recorte de los servicios públicos, generados a partir del 15M, no está reivindicando las bibliotecas, salvo casos puntuales, como está pasando desde este verano cuando se cerró la biblioteca del granadino barrio del Zaidín.

Es envidiable y ejemplar para nosotros la respuesta social y bibliotecaria en ámbitos como Estados Unidos o Gran Bretaña cuando se han producido cierres. Ello muestra una vinculación comunitaria y un arraigo de la biblioteca que no vemos habitualmente aquí, y que es fruto de una labor de conexión y promoción de las bibliotecas con todo tipo de agentes de la comunidad. Lo que en la Biblioteconomía anglosajona se denomina library advocacy.

Tendríamos que ir contribuyendo a situar en el debate social también la gravedad de los recortes en las bibliotecas, para intentar minimizarlos. Nos necesitan los cinco millones de personas en situación de desempleo, la mitad de la población española sin acceso a internet en su hogar, los casi ocho millones de alumnos de la Educación obligatoria o el más del 20% de la ciudadanía que se encuentra por debajo del umbral de la pobreza. El derecho a la información, la educación y la cultura, la labor inclusiva y de cohesión de las bibliotecas públicas, no pueden dejar de argumentarse a cada momento, a la vez que seguimos intentando poner en práctica nuestra labor.

En época de crisis se utiliza injustamente la crítica a los trabajadores de la función pública para legitimar privatizaciones o reducciones de su número. Pero el exceso de gasto y las políticas equivocadas no han sido causadas por ellos, sino por los errores de los gobiernos centrales y autonómicos, que han impulsado o consentido la especulación inmobiliaria, las grandes urbanizaciones y parques temáticos ruinosos, las autopistas para darles servicio, los aeropuertos deficitarios, las televisiones autonómicas, grandes eventos mediáticos y otros proyectos culturales vacíos de contenido o difíciles de mantener. Ha habido –ante la indiferencia o el apoyo con los votos de los ciudadanos- poca transparencia y control del gasto, lo que ha permitido casos de corrupción y ha contribuido a la desafección hacia la política.

Y ahora se está haciendo “tabla rasa” en materia de recortes, cuando se debería entrar en matices. Es obvio que en la gestión bibliotecaria no ha habido derroche; cada euro invertido en adquisición de contenidos culturales e informativos o programas educativos ha sido aprovechado por muchos ciudadanos; las plantillas bibliotecarios han sido remuneradas casi siempre por debajo de su nivel de formación, y los servicios han ido llegando a más sectores de la clase media y la población necesitada para ir acercando las bibliotecas a una situación equiparable a la media europea.

Hay margen para reducir gastos en ámbitos como el farmacéutico, si se generaliza la prescripción de medicamentos genéricos frente a los mismos de marca. O si ajustan millonarios conciertos sanitarios con clínicas privadas. O si se suspende temporalmente la concertación de centros educativos elitistas o excluyentes. Pero hay menos margen para reducir presupuestos en sectores poco dotados como las bibliotecas, donde a veces hay un sólo bibliotecario. En éstas, quitar una cantidad pequeña puede impedir un servicio importante, y cuyo coste sería equivalente al de unos minutos de alguno de los muchos conciertos de festivales que todavía se celebran con gran éxito.

Quizás se pudiera intentar organizar encuentros sobre el tema que no fueran exclusivamente profesionales, sino que se abrieran a otros elementos, como docentes, asociaciones vecinales, grupos culturales u organizaciones del tercer sector. Probablemente así tendrían más impacto o serían más sensibilizadoras de la ciudadanía sobre el problema.

La gestión parcial de algunos servicios bibliotecarios a través de empresas privadas no me parece descartable en sí misma, siempre que se haga bajo tutela y control de bibliotecarios públicos y formados, y se exija una buena preparación profesional y calidad en el servicio a las empresas que lo lleven a cabo. Aunque en este terreno, a falta de estudios analíticos, nos tememos que no ha sido ésta la norma. Y también hay que remunerar a las empresas adecuadamente, pues en caso contrario se las induce a pagar a sus trabajadores por debajo de límites dignos, o incluso se puede provocar su desaparición. En Murcia, por ejemplo, una de las empresas que gestionaba servicios de bibliotecas -y sobre todo de  museos- ha tenido que entrar en concurso de acreedores por las subcontrataciones a la baja y sobre todo por el retraso en los pagos de las Administraciones contratantes.

A la vez que luchar por el mantenimiento de nuestros servicios bibliotecarios, por supuesto tenemos que esforzarnos en innovar y buscar soluciones que nos ayuden a seguir siendo útiles y a mantener programas que si se cierran del todo sería difícil reabrir. Hay que conseguir que subsistan los servicios que hemos ido consolidando durante los años aunque tengamos que hacerlo en un formato más austero y menor, se amplíe la periodicidad de su celebración, etc.

La búsqueda de patrocinios va a dificultarse, porque las fundaciones culturales de las entidades financieras, principales colaboradoras, ahora dependen de los beneficios que genere su actividad bancaria, y será menor su disponibilidad para responder a muchas peticiones de organizaciones sociales, de otros ámbitos de la cultura como el patrimonio, las artes plásticas o los grandes eventos.

El voluntariado es un complemento válido y a aprovechar, que no sustituye a los profesionales pero amplía la utilidad de la biblioteca. Los bibliotecarios deben gestionar la participación de los que quieren colaborar. Son ciudadanos que consideran suyos los servicios bibliotecarios y que piensan que su aportación les enriquece también a ellos. El voluntariado hace posible la realización de los clubes de lectura con sus propios miembros como coordinadores, servicios especiales como el apoyo a escolares con fracaso escolar, el acompañamiento de la lectura a grupos y personas con dificultades, o incluso la aportación de aquello que saben y que es de interés para otros en talleres.

Así lo hace la Biblioteca Regional de Murcia con su programa “¿Qué sabes?”, con el que estos días usuarios están ofreciendo sus conocimientos sobre lactancia materna, musicoterapia o plantas medicinales.

A pesar de la crisis, tenemos muchos medios para hacernos fuertes respondiendo a necesidades y problemas reales de nuestros usuarios. Tenemos muchísimos recursos informativos en acceso abierto para integrar en nuestros catálogos; tenemos salones de actos y reuniones donde organizar debates con los agentes sociales y los grupos preocupados por la mejora de la participación y la vida democrática; tenemos muchos usuarios dispuestos a colaborar, tenemos conocimientos y experiencia como bibliotecarios para asesorar a los ciudadanos que nos consultan; tenemos herramientas colaborativas para alimentar proyectos de contenidos culturales locales, etc.

La necesidad de funcionar con menos recursos nos obliga a la eficiencia, a la utilidad social, a la vinculación a las prioridades de nuestra comunidad y a temas emergentes, como los relacionados con Administración electrónica y los servicios educativos y comunitarios.

También se puede tener que integrar servicios que han estado separados pero que pueden tener su conexión en los municipios medianos y pequeños: servicios de educación de adultos, juventud, orientación y atención social, cultura, telecentros y bibliotecas pueden dar servicios en colaboración con ahorro de medios, para que puedan mantenerse todos. La crisis puede obligarnos a estas políticas de integración y flexibilidad, porque el objetivo será salvar los servicios y programas de 2012 con la confianza en que 2013 nos permita ver por fin una mejora de la situación económica.

Reflexiones finales

No nos podemos quedar sin actuar, esperando que nos vengan los recortes; no podemos limitarnos a quejarnos, aunque haya que hacerlo con la máxima fuerza. Tenemos que actuar en todas las formas posibles: por una parte, luchar por nuestros presupuestos y por minimizar su bajada, lo que se tendrá que hacer en competencia con otros. También ofrecernos al máximo a nuestros ciudadanos, buscar su apoyo y colaborar con los que se implican en la defensa de los servicios públicos, la participación, la transparencia y la calidad democrática de nuestra sociedad. Y a su vez, tener la capacidad de adaptarnos al contexto, lo que nos obliga a enfoques flexibles de la gestión, a contar con todos los apoyos y colaboraciones que se nos ofrezcan, colaborar con otros servicios, y visibilizar muchísimo nuestra utilidad, pues si no la demostramos será fácil que otros capten la mayor parte de los recursos a nuestro alcance.

Es un buen momento para que los bibliotecarios, unos profesionales que aman su trabajo y que casi nunca lo cambiarían por otro, demuestren su capacidad de ejercerlo adaptándose y afrontando una situación tan difícil con la voluntad de superarla y ser ahora más útiles que nunca.

Sé que es más fácil hacer propuestas como éstas que llevarlas a cabo, y habrá otras muchas más que formular. Igualmente, habrá muchas situaciones difíciles que no han salido a la luz y que deberían hacerlo. Pero lo importante es que pensemos, debatamos y planteemos soluciones con las que nuestras bibliotecas sobrelleven la crisis de la mejor manera.

Página siguiente »