El vídeo en los cibermedios: algunas certezas y muchas dudas
Por Pere Masip24 September 2009
El año 2007 fue catalogado como el año del vídeo1. Ciertamente, por ese entonces, los principales cibermedios españoles, aprovechando la remodelación de sus sitios web, incorporaron progresivamente elementos multimedia, en particular vídeos. Dicho rediseño no se trató de un simple lavado de cara, sino que también permitió introducir cambios importantes en materia de contenidos. Además de dar mayor protagonismo a lo multimedia, se impulsó de forma decidida la participación de los lectores, vehiculando para ello distintas opciones y estrategias.
La multimedialidad es una de las características que definen el ciberperiodismo, junto con la hipertextualidad, la interactividad, la personalización de contenidos, la memoria y la actualización continua. Sin embargo, se puede poner en duda que los medios digitales hayan explotado realmente esta característica con la misma intensidad que lo ha hecho con otras, como la hipertextualidad o la actualización constante.
El uso del multimedia en los medios digitales no es en fenómeno nuevo, desde las primeras experiencias en la Red, se optó por incorporar elementos audiovisuales, aunque siempre con un carácter subsidiario al texto escrito. Por paralelismo con sus homólogos impresos, primeramente se incorporaron fotografías y, más tarde, de la mano especialmente del desarrollo de la tecnología Flash, apostaron decididamente por el uso de recursos informativos de carácter infográfico –convirtiendo los cibermedios españoles en referentes mundiales de la especialidad-; el vídeo, en cambio, siempre tuvo un carácter más testimonial.
La apuesta por el vídeo
Guillermo López2 apunta tres razones primordiales para explicar el desarrollo del vídeo en internet: el desarrollo de nuevos sistemas de compresión de datos que permiten disminuir el peso de los archivos sin que ello incida sustancialmente en la calidad de la imagen, la progresiva generalización de las conexiones de banda ancha3 y el abaratamiento de los costes de las tecnologías digitales.
Sin lugar a dudas, estos factores han incidido decididamente en el impulso de los contenidos videográficos en la Red, sin embargo, no son suficientes para explicar su adopción por parte de los cibermedios. Para ello, hay que tener en cuenta la difícil situación que vive el sector de los medios de comunicación.
Ante una coyuntura económica y financiera delicada, pero con una estructura empresarial propicia y unas tecnologías consolidadas, los editores han depositado sus esperanzas en la convergencia periodística4. Las empresas periodísticas tratan de sacar partido a la disolución de los límites tradicionales entre medios (prensa, radio, televisión, Internet, etc.) y la disminución de la distancia entre emisor y receptor. Dos circunstancias que hacen tambalear los cimientos de la profesión periodística, pero que son fuente de nuevas oportunidades.
Así las cosas, no han dudado en potenciar los mecanismos de participación e incorporar contenidos videográficos en búsqueda de lectores (léase visitas) que garanticen su supervivencia (y la de sus homónimos impresos) y rentabilidad5.
Los nuevos hábitos de consumo en la Red han incidido en la decisión de los cibermerdios de apostar por los contenidos audiovisuales. El 87% de los ciudadanos españoles accede a repositorios de vídeos, que ocupan el tercer puesto entre los webs más visitados6, especialmente entre los más jóvenes, que prefieren comunicarse a través de internet y ver vídeos por la Red que sentarse ante el televisor.
Esta decisión, sin embargo, presenta algunos interrogantes. Ciertamente, la descarga de contenidos audiovisuales se ha convertido en una de las actividades preferidas de los internautas. Sin embargo, esta actividad se focaliza especialmente entre los menores de 35 años y en contenidos de entretenimiento7. Los jóvenes, a su vez, no muestran especial interés por la información. Sólo un 13% de los menores de 25 años consume noticias en televisión y los que compran periódicos de información general no alcanzan el 7% (6,8%)8.
El consumo del vídeo informativo por internet exige, además, determinados requisitos que, de momento, no parecen estar suficientemente bien resueltos. A pesar de que la inclusión del vídeo como complemento a una noticia textual es percibida por los lectores como más atractiva, interesante, enriquecedora y su consumo resulta más satisfactorio, no es considerada como más adecuada si esta misma es abordada exclusivamente de forma escrita, ni ofrece mejores índices de comprensión9. En este sentido, estudios de eyetracking10 confirman que los usuarios se distraen más fácilmente viendo vídeos que leyendo.
Los hábitos y condiciones de visionado, entre otros factores, también inciden en el éxito o fracaso de la adopción del consumo de información audiovisual. El tiempo dedicado a la lectura de medios digitales es significativamente inferior al invertido en sus homónimos impresos. Así, mientras que el tiempo estimado para la lectura en papel es de 20 minutos –de ahí el nombre de la publicación-, en los cibermedios se sitúa entre 2 y 10 minutos, aunque la media está en torno a los 5 minutos11. Durante este tiempo el lector escanea el medio en busca de la información de su interés, que “picotea” a un nivel superficial y no duda en abandonar la lectura de una pieza si considera que ya dispone de suficiente información o decide que no satisface sus expectativas.
Este modo de actuación contrasta con las exigencias derivadas del consumo audiovisual. Los vídeos incluidos en los cibermedios presentan una duración media superior a los 3 minutos12, a los cuales hay que añadir el tiempo de descarga necesario, cada vez menor pero existente, además de la (habitualmente) obligatoria visualización de un spot que muchos medios añaden como antesala del vídeo.
Elementos todos ellos que dilatan el tiempo de espera necesario hasta la visualización del vídeo y que muchas veces acaban con la limitada paciencia del lector, que opta por interrumpir y abandonar la consulta del vídeo13. Steve Bennedik, de Sky News, apunta: en la Web la gente prefiere un vídeo de 40 segundos antes que uno de 2 minutos14.
También las condiciones de visionado inciden en el consumo. Además de tener en cuenta elementos como las dimensiones de la pantalla o la resolución, muy diferentes a las de la televisión, no pueden perderse de vista las circunstancias en la que se produce el consumo de los cibermedios. Más de la mitad de los internautas lo hacen en horas de trabajo15, que son también las franjas horarias en las que los periódicos digitales reciben mayor número de visitas16.
Procedencia de los contenidos y temáticas
Recientemente, Ramón Salaverría17 lamentaba que los medios digitales se dedicasen a regurgitar contenidos de segunda mano: primero los contenidos de sus hermanos mayores impresos, más tarde los teletipos de agencia con las breaking news y ahora enlaces de Twitter. Aunque Salaverría no menciona los contenidos audiovisuales, éstos podrían añadirse a esta práctica de shovelware.
Con algunas excepciones relevantes, los cibermedios han tendido fundamentalmente a clonar contenidos audiovisuales elaborados por proveedores externos. Sacando partido del carácter multimedia de la mayoría de grupos de comunicación, los principales abastecedores de vídeos han sido los propios canales de televisión de los respectivos grupos mediáticos. Esta práctica supone reproducir noticias ya existentes, sin ninguna reelaboración.
El ciberdiario es el gran beneficiado, al obtener material de calidad y a un coste prácticamente nulo. Uno de los ejemplos más evidentes de esta práctica lo encontramos en El País.com, con el uso sistemático de vídeos elaborados por los equipos informativos de CNN+ y Cuatro.
Un grado de complejidad ligeramente superior se produce cuando los cibermedios editan de nuevo los materiales servidos por las otras plataformas para, en teoría, adaptarlos a los requisitos que exige del lenguaje audiovisual de la Red. Algunos medios, como el 3cat24, también los reempaquetan para su difusión a través de dispositivos móviles.
Junto a las televisiones de los propios grupos mediáticos, el segundo gran proveedor de vídeos para los cibermedios españoles son las agencias. En 2008, el 24,12% de los vídeos publicados por El País.com, Elmundo.es, Lavanguardia.es y Libertad Digital procedían de agencias de noticias18. Aunque este porcentaje se eleva en torno el 80% si se tiene en cuenta que vídeos aparentemente producidos por el propio medio son en realidad imágenes de agencia.
Junto a los vídeos profesionales, cada vez adquieren mayor relevancia los generados y remitidos por la propia audiencia. Éstos, sin embargo, suelen tener una escasa repercusión informativa, aparecen relegados a posiciones secundarias y habitualmente desvinculados de los espacios que los medios destinan específicamente a las informaciones multimedia. Con todo, forman parte de una estrategia comercial que permite fidelizar lectores y ocasionalmente obtener exclusivas, que permiten generar un tráfico adicional a un coste nulo.
Finalmente (y significativamente), un último conjunto de contenidos son los producidos por los propios cibermedios. En la actualidad, estos vídeos tienen un papel residual. Aunque hay ejemplos interesantes, como Lavanguardia.es o los medios del grupo Prensa Ibérica (Diari de Girona, Levante-emv.com,…), hasta la fecha los vídeos producidos íntegramente por las redacciones digitales son una excepción. Por ahora, a las empresas periodísticas les resulta más económico y rápido recurrir a proveedores externos que invertir en producciones propias.
Las dudas que el vídeo informativo en internet despiertan en los propios medios no sólo se traducen en una escasa apuesta por la producción propia, que les permitiría no sólo mejorar su imagen sino también diferenciarse de la competencia. También se percibe en las temáticas tratadas y calidad de los productos, en los que se impone el material sometido a una escasa (y rápida) manipulación.
Aunque la mayoría de medios ofrecen un amplio abanico de vídeos de temáticas duras (hard news) (política, sociedad, internacional…), mayoritariamente producidos por agencias y televisiones, hay una creciente concesión a informaciones de temáticas más ligeras (soft news) que son las que realmente suscitan el interés (y las visitas) de la audiencia.
Así, es habitual que los cibermedios reproduzcan en espacios destacados los goles de la jornada, los tráilers de las novedades cinematográficas, las declaraciones más o menos intempestivas de algún político (que generen visitas y comentarios), los exabruptos de algún pseudofamoso u otras imágenes más o menos espectaculares, con limitado interés periodístico pero gran capacidad de generar debate (y visitas).
Los medios parecen haber sobrestimado el apetito de los usuarios por los contenidos informativos en vídeo. La audiencia todavía prefiere el texto, que le ofrece una visión rápida de la actualidad, y busca el vídeo para completar la palabra escrita. Con todo, no se puede caer en posturas reduccionistas y subestimar las oportunidades que el vídeo brinda a los cibermedios.
En este sentido, cabe subrayar el éxito de las iniciativas de vídeo bajo demanda, como las impulsadas por Rtve o la TV3.
No existen datos públicos y fiables sobre la repercusión de la inclusión de contenidos multimedia en las cifras de audiencia, pero en conversaciones mantenidas con responsables de algunos cibermedios, éstos reconocen que los usuarios todavía prefieren la lectura de la noticia al visionado de un vídeo. Las excepciones las encontramos en los contenidos a los que nos referíamos más arriba -temáticas livianas y que puedan ser compartidas con los amigos-, lo que exige también a los medios ofrecer herramientas para su distribución viral. Un simple vistazo a los vídeos más vistos de las principales cabeceras españoles no ofrece dudas sobre lo que interesa: “Paz Vega desnuda su embarazo”, “Avatar, lo nuevo de James Cameron”, “Nunca he pagado por sexo”, “Un coche cae a la playa del Puerto Viejo de Algorta” o “El rey manda callar a Chávez”.
Los resultados observados no deberían sorprender, no hacen más que reflejar lo que se consume mayoritariamente en formato audiovisual, tanto en la televisión como en internet, y reproducir los esquemas de buena parte de los informativos televisivos. Debidamente maquillados y camuflados entre vídeos de noticias duras, en los cibermedios proliferan piezas de escaso o nulo contenido informativo, más próximas al entretenimiento que a la información.
En un panorama convulso como el actual, a los medios digitales se les exige, ahora más que nunca, una cuenta de resultados positiva, y contenidos como los mencionados atraen visitas y potenciales anunciantes. Así pues, la adopción del vídeo aparece como parte de una estrategia más amplia encaminada a hacer frente a la crisis. En la línea ya apuntada por algunos, para asegurar su supervivencia, los medios digitales deben convertirse no sólo en proveedores de información, sino también de entretenimiento y de servicios. Dos ámbitos en los que, sin lugar a dudas, el formato audiovisual permite su máximo desarrollo.
Esta estrategia encaminada a diversificar los cauces y mecanismos para atraer lectores y convertir a los cibermedios en empresas rentables es lógica y comprensible. Sin embargo, no debería producirse en detrimento de la calidad de la información. Algunos medios están realizando los primeros pasos en esta dirección. Se trata de medios que han apostado por la elaboración propia de vídeos de calidad, que incluyen reportajes y entrevistas a especialistas que tratan temas concretos de interés general (la crisis económica, la gripe A, etc.) o abordan temas de interés social y de proximidad. Estas estrategias suponen renegar del vídeo para los noticias de última hora, las breaking news, y centrar su uso para informaciones atemporales o de mayor recorrido, que demandan un tratamiento más pausado, exhaustivo y documentado.
En España, los medios que han apostado por este tipo de contenidos son todavía escasos y, en particular, de carácter regional, que son los que mejor pueden explotar los contenidos de proximidad. La apuesta no es sencilla. La incorporación de contenidos multimedia de producción propia no es barata. Producir un vídeo original de 3 minutos exige, cuanto menos, una dedicación media de entre 2 y 4 horas así como disponer de periodistas con nuevas habilidades capaces de llevarlo a cabo.
La apuesta por el vídeo informativo de producción propia de calidad se vislumbra como una medida de riesgo no apta para editores que deseen resultados inmediatos. Aunque a los medios que lo adopten les permitiría distinguirse abiertamente de la competencia y fidelizar su audiencia; su generalización contribuiría a regenerar la profesión periodística, tan denostada en los últimos años, y a recuperar la función social que se supone le corresponde al periodismo en las sociedades democráticas.
Referencias
1. Guallar, J. “Prensa digital en 2007” En. Baiget, T. (ed.) Anuario Thinkepi, 2008. Barcelona: El profesional de la información. pp. 102-108.
2. López, G. “La eclosión del vídeo como mecanismo de comunicación política en Internet”. En: Congreso fundacional de la Asociación Española de Investigadores de la Comunicación. Santiago de Compostela, 2008.
3. Según datos del último informe de Telefónica sobre la Sociedad de la Información en España, el 44,6% de los hogares españoles cuentan con una conexión de alta velocidad (ADSL, cable, etc.). La Sociedad de la información en España: 2008. Telefónica. Disponible en:
http://elibros.fundacion.telefonica.com/sie08/
4. Micó, J.L.; Masip, P.; Barbosa, S. “Models of business convergence in the information industry: A mapping of cases in Brazil and Spain”. Brazilian Journalism Research, 2009, v. 5, n. 1, pp. 123-140.
5. Chainon, J.Y. “Newsroom Barometer 2008: main results, the integrated newsroom will be the norm”. Editorsweblog.org, 2008. Disponible en:
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6. Libro blanco de los contenidos digitales en España: 2008 (2008). Madrid: Red.es. Disponible en:
http://www.ontsi.red.es/contenidos-digitales/articles/id/2662/libro-blanco-los-contenidos-digitales.html
7. AIMC (2008). Navegantes en la red: octubre-diciembre 2008. Disponible en:
http://www.aimc.es/03internet/macro2008.pdf
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9. Canavilhas, J. Webnoticia. Propuesta de modelo periodístico para la web. Covilhà: Livros LabCom, 2007. Disponible en:
http://www.livroslabcom.ubi.pt/pdfs/canavilhas-webnoticia-final.pdf
10. Lavrusik, V. “Getting in-line with online: Has local news video reached 2.0?”. 2009. Disponible en:
http://lavrusik.com/wp-content/uploads/2009/08/Webthesis.pdf
11. OJD Interactiva (2009). Disponible en:
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12. Dickinson, A. “Video Workload survey result”, 2008. Disponible en:
http://www.andydickinson.net/2007/11/03/video-workload-survey-results/
13. Huang, A.H. “Effects of multimedia on document browsing and navigation: an exploratory empirical investigation”. Information & Management, 2003, v. 41, pp. 189-198.
14. Thurman, N.; Lupton, B. “Convergence Calls: Multimedia Storytelling at British News Websites”. Convergence: The International Journal of Research into New Media Technologies, 2009, v. 14, n. 4, pp. 439-455.
15. AIMC (2008). Navegantes en la red: octubre-diciembre 2008.
17. Salaverría, R. “Periodismo de palimpsesto”. E-periodistas, 10 septiembre, 2009. Disponible en:
http://e-periodistas.blogspot.com/2009/09/periodismo-de-palimpsesto.html
18. Micó, J.L.; Masip, P. “Recursos multimedia en los cibermedios españoles”. Trípodos, 2008, n. 23, pp. 89-105. Disponible en:
http://www.raco.cat/index.php/Tripodos/article/view/118914/154118
Pere Masip
Miembro del Grupo ThinkEPI
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