To count or not to count, that is the question
Por Cristóbal Urbano11 July 2005
Estos días he estado repasando las novedades que presenta la Release 2 of the COUNTER Code of Practice for Journals and Databases, y el azar ha querido que mis lecturas coincidieran con unas agitadas jornadas políticas en las que circulaban en el ambiente una preguntas tópicas: ¿cuántos manifestantes acudieron el pasado 8 de junio en Madrid a la manifestación convocada por el Foro de la Familia contra el matrimonio gay?, ¿cuántos a la manifestación del Día del orgullo gay, celebrada el 1 de julio en la misma capital?
A la vista de los datos tremendamente divergentes facilitados por los respectivos convocantes, por la policía municipal, por la Delegación del Gobierno, o de las estimaciones realizadas por los diversos medios de comunicación que se atrevieron a dar cifras propias, resulta difícil creer que todos estén hablando de las mismas manifestaciones.
Y es que, al igual que sucede con los datos de uso de revistas y bases de datos en el entorno web, en aquellos acontecimientos en los que no existe un control rigurosamente individualizado del aforo y del acceso, siempre habría que añadir a la pregunta sobre el número de asistentes la coletilla: “cuántos asistentes de acuerdo a un determinado método de cálculo y a partir de unos determinados instrumentos de observación.” Acordar y definir los términos y la metodología de determinadas estadísticas, partiendo de convenciones que permitan la comparabilidad –ya que no la plena exactitud–, son la base de de un buen puñado de estadísticas sociales y económicas elaboradas por los sistemas nacionales de información estadística, que incluyen las estadísticas bibliotecarias. Algo similar sucede en los sistemas de información para la evaluación de servicios y para la toma de decisiones en los negocios.
Sin embargo, en nuestro campo las estadísticas han estado muy marcadas por un entorno tangible –de bricks and mortar libraries–, tanto en lo que se refiere a los recursos ofrecidos como a los consumos realizados por los usuarios (véase por ejemplo el caso del INE). Por ello, la rápida transición al entorno digital de publicación está obligando a una revisión de las normas y de las definiciones involucradas en los estudios de medición del volumen de las colecciones bibliotecarias, así como de su nivel de uso, y ello no afecta ya únicamente a las bibliotecas sino también a los editores y distribuidores de publicaciones. A modo de ejemplo de las múltiples experiencias de proyectos para establecer los objetivos y los métodos de las estadísticas bibliotecarias en el entorno digital, podríamos citar el programa E-Metrics de la ARL de los Estados Unidos.
Se ha de tener en cuenta, que al mismo tiempo que se avanza en unas prácticas más o menos uniformes para la explotación estadística de los ficheros logs de cualquier lugar web –superando los engañosos datos de hits con datos de sesiones y de usuarios! –, se ha trabajado en los últimos años en la explotación específica, y claramente particularizable, de los registros de uso que se obtienen de las colecciones digitales de revistas y de bases de datos, especialmente en aquellos casos en los que las bibliotecas no poseen la colección, sino que contratan el acceso para sus usuarios en los servidores de editores o de distribuidores.
Fruto de esta falta de control sobre el uso de estas colecciones digitales, y ante la dispersión en la forma y en el número de estadísticas que los proveedores ofrecían, las presiones de las bibliotecas se han concentrado en establecer un programa de mínimos imprescindible para poder agregar y consolidar los datos de uso a partir de los informes suministrados por multitud de proveedores. Así, en 1998 el ICOLC (International Coalition of Library Consortia) publicó las Guidelines for statistical measures of usages of web-based information resources, documento revisado en 2001, que ha sido clave en el proceso de sumar fuerzas por parte de los compradores –las bibliotecas– para establecer los requisitos de estadísticas en los procesos de negociación de las licencias de adquisición de publicaciones en línea.
Posteriormente, en 2002 nace COUNTER (Counting Online Usage of Networked Electronic Resources) como una iniciativa internacional establecida para dar apoyo a bibliotecarios, editores e intermediarios en las tareas de registro e intercambio de estadísticas de uso de recursos electrónicos en línea. Como primer hito de su actividad, COUNTER publicó en enero de 2003 la versión 1 de su Code of Practice for Journals and Databases. El documento se publicó como un código de buenas prácticas que los editores afiliados se comprometían a utilizar para poder recibir el sello de calidad estadística COUNTER compliant. El código especifica los datos que se han de recoger, las definiciones de dichos datos, el contenido, frecuencia y formato de los informes que los editores han de facilitar a los clientes, así como la combinación de datos procedentes tanto de los editores como de intermediarios.
A lo largo de este año 2005 se han producido dos importantes novedades. Por una parte el pasado mes de abril se publicó la Release 2 of the COUNTER Code of Practice for Journals and Databases, mientras que desde el mes de enero está disponible para su debate el Draft Release 1 of the COUNTER Code of Practice for Books and Reference Works. Ambas novedades muestran el reconocimiento y la vitalidad del proyecto, ya que se ha dado un paso adelante contemplando los libros y obras de consulta electrónicos –cada vez más habituales en todo tipo de bibliotecas–, así como delimitando mucho mejor los formatos de presentación de los informes estadísticos al objeto de facilitar su agregación por parte de la biblioteca y su integración en sistemas de gestión bibliotecaria, algo que a día de hoy continua siendo una quimera.
En definitiva, la especificidad de iniciativas como COUNTER, propia del entorno editorial y bibliotecario, pone de relieve la multitud de facetas que se pueden considerar en el amplísimo territorio del análisis del uso y de los usuarios de sedes web. Baste citar algunos ejemplos para enmarcar en un plano más amplio el dinamismo del ámbito en el que se incardina el tema concreto que nos ha ocupado hoy:
- valoración de las estadísticas de uso en el mundo de la evaluación de la actividad científica (p.e. ScienceDirect TOP25 Hottest Articles),
- aparición de asociaciones (p.e. la Web Analytics Association),
- realización de congresos sobre el tema (p.e. Emetrics Summit),
- adaptación al entorno web de las empresas y organismos dedicados a medir la difusión de la prensa impresa (p.e. la OJD con su sección OJD interactiva, que aplica en España las normas para medios web aprobadas por la IFABC –International Federation of Audit Bureaux of Circulations),
- aparición de nuevos agentes de análisis de la audiencia propios de la cultura web (p.e. Alexa),
- o la competencia entre multitud de empresas que se dedican al consulting y a la venta de software y servicios de web analytics (p.e. una con un nombre próximo a ThinkEPI…. ThinkMetrics).
Sin duda, para que los datos estadísticos sean tenidos en consideración –para que cuenten en la toma de decisiones,… para que sean, en definitiva– han de ser el resultado de una convención que permita realizar definiciones claras, mediciones viables y comparaciones robustas.
De todas formas, más allá de cuestiones metodológicas, el tema que hemos tratado hoy nos plantea un dilema de gestión bibliotecaria en mi opinión nada trivial: en el entorno digital, ¿es más cierta la frase lo que no se cuenta, no se tiene en cuenta?
Ya lo decía William Shakespeare: To be or not to be, that is the question.
documenéame -









