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¿Por qué nadie habla ya de las bases de datos bibliográficas “clásicas”?

Cómo citar este artículo:
Giménez-Toledo, Elea; Rodríguez-Yunta, Luis. “¿Por qué nadie habla ya de las bases de datos bibliográficas “clásicas”?“. Anuario ThinkEPI, 2012, v. 6, pp. 130-134.

¿Por qué nadie habla ya de las bases de datos bibliográficas “clásicas”?

Fueron el núcleo duro

Las bases de datos bibliográficas especializadas han sido tradicionalmente un pilar fundamental en la formación relacionada con fuentes de información en las titulaciones de documentación y, por supuesto, en la práctica profesional de bibliotecarios y documentalistas en centros de investigación y universidades. Medline, EMbase, Chemical abstracts, Lisa, Inspec, Sociological abstracts, Historical abstracts, MLA, etc., han gozado históricamente de un gran prestigio en cada una de las disciplinas que abarcan.

Este interés se traducía también en frecuentes estudios presentados en revistas y congresos de documentación científica. Un ejemplo típico de ello a finales de los noventa: un análisis comparativo de la cobertura de revistas de psiquiatría en cuatro bases de datos: PsycLit, EMbase, Biosis y Medline (McDonald, Taylor y Adams, 1999). El título de este trabajo, “Searching the right database”, refleja perfectamente el carácter eminentemente práctico de este tipo de investigaciones, realizadas con la finalidad de orientar en la elección de las fuentes más completas para realizar búsquedas bibliográficas pertinentes. No es casualidad que los productos que se comparaban fueran especializados en diferentes disciplinas (psicología, biología y medicina).

Pérdida de protagonismo

Una década después, los estudios comparativos están dejando de lado los productos especializados. Tomando otro ejemplo sintomático de las investigaciones de los últimos años (Falagas et al., 2008), Medline es ahora objeto de comparación como fuente para búsquedas en biomedicina, ya no con productos de disciplinas afines sino ¡con Scopus, Web of science y Google scholar! Las herramientas multidisciplinares que aportan datos de citas e indicadores bibliométricos derivados de ellas están centralizando el interés de usuarios y profesionales, en detrimento de los tradicionales “servicios especializados de indización y resumen”.

Este cambio en el enfoque de los trabajos publicados no hace sino reflejar un desinterés general hacia estos recursos bibliográficos. La realidad es que la mayor parte de ellos perviven como productos de alta calidad y continúan existiendo grandes distribuidores multinacionales (Ebsco, Ovid-Wolters Kluwer, ProQuest). Dialog, el host estrella de hace 20 años, es hoy un producto secundario de ProQuest. Pero parece un mercado estancado y las bibliotecas universitarias y de investigación van realizando algunas cancelaciones argumentando su escaso uso. Las causas de este aparente declive tienen que ver, sin duda, con la transformación del sector de la información científica y también con los hábitos de los usuarios finales. A todo ello nos referiremos en las siguientes líneas.

Muchas opciones más cómodas y nuevos hábitos

La consolidación de las revistas electrónicas, el desarrollo de buscadores que agregan servicios y fuentes de información, los metadatos, los repositorios y las hemerotecas digitales han construido conjuntamente una enorme biblioteca de contenidos especializados que ofrecen al usuario, de forma inmediata, lo que quiere o, al menos, una solución suficiente para satisfacer las demandas más habituales. Todo ello sin necesidad de tener una suscripción a una base de datos, sin tener que identificarse para acceder, sin tener que hacer una consulta por campos y, sobre todo, sin tener que esperar a tener el texto completo, características, todas ellas de las bases de datos bibliográficas clásicas. E incluso, en el nivel de fuentes referenciales, surgen nuevos recursos para compartir bibliografía en línea con otros usuarios, bajo la filosofía de la Web 2.0.

Sin duda, los grandes protagonistas del cambio en los hábitos de búsqueda bibliográfica son los buscadores. Las encuestas realizadas por Oclc (2011) ofrecen datos demoledores, mostrando que la utilización de los servicios en línea de las bibliotecas ocupa una posición cada vez más secundaria para los usuarios norteamericanos. El número de personas que utilizan la Web de la biblioteca como inicio para una búsqueda de información ha pasado del 1% en 2005 ¡al 0% en 2010!, mientras los que identifican la biblioteca con un depósito de libros impresos aumentan del 69% al 75%.

Por el contrario el incremento más significativo es la utilización de servicios de “pregunte a un experto” (sólo el 15% lo utilizaban en 2005 frente al 43% en 2010). Este dato es esperanzador, la valoración social de la profesionalidad de los bibliotecarios puede tener estupendos resultados gracias a estos servicios, aunque en muchos casos serán considerados inevitablemente como “un último recurso”. Y mientras, persistirá la paradoja de que los usuarios descarguen un gran número de documentos en línea de forma gratuita para ellos, sin pasar por la Web de la biblioteca de su institución y, por tanto, sin valorar que ello es fruto de su política de adquisiciones.

Buscadores académicos

Para las búsquedas de bibliografía científica, la competencia también se ha incrementado con el desarrollo de buscadores académicos como Google scholar o Academic search, un tipo de producto iniciado en primer lugar por el propio Elsevier con Scirus (ahora integrado en Sciverse). Estas herramientas agregan cada vez más funciones, se nutren de metadatos provenientes de repositorios, revistas electrónicas, hemerotecas digitales, además de otras fuentes no relacionadas estrictamente con revistas científicas. Ofrecen resultados relevantes al usuario y frecuentemente llevan al texto completo de las fuentes originales. Y cuando el texto completo es de acceso restringido –bajo suscripción- pueden ofrecer otra solución al usuario: versión preprint de ese mismo trabajo, obtenida de repositorios, sitios web de grupos de investigación, servicios de publicaciones u otros.

Metabuscadores como Recolecta1 o el portal de portales Latindex2 cumplen también con esta función: difundir lo que está disperso en distintas fuentes, aunar, simplificar las búsquedas, acercar la información científica al usuario. Pero hay que preguntarse: ¿dan el mismo servicio bases de datos y buscadores/metabuscadores?

¿Se necesitan aún las bases de datos especializadas?

Otro aspecto con incidencia sobre el menor uso de las bases de datos bibliográficas es el desarrollo de los servicios de búsqueda y alertas de las propias revistas científicas y repositorios académicos. La inmediatez deseada en el acceso a la información ha provocado, desde nuestro punto de vista, que el usuario prefiera los resultados de los buscadores que son rápidos aunque no estén adecuadamente ordenados, indizados, etc. La ampliación de cobertura de la Web of science, y la competencia que le ha supuesto Scopus, también han tenido mucho que ver.

Si son grandes bases de datos multidisciplinares, a las que tienen acceso casi todas las instituciones científicas y que cada vez recogen más fuentes, ¿es necesario para el usuario contar con bases de datos documentales y especializadas?

No hay que olvidar que tanto WoS como Scopus ofrecen cada vez más servicios de análisis, búsquedas relacionadas, etc., que no proporcionan las bases de datos documentales tradicionales. Esta exposición debería dar lugar a plantear el valor del análisis documental para los usuarios que es, al fin y al cabo, la diferencia que más marca la frontera entre unas y otras bases de datos. La posibilidad de integrar servicios de valor añadido en bases de datos bibliográficas no les está vetada; les conviene pensar que necesitan reconvertirse y mejorar.

En un solo paso, el usuario obtiene prácticamente todo lo que necesita. O, al menos, esa es la sensación dominante. La primera página de resultados suele satisfacer, y no se suele ir más allá (Marcos y González-Caro, 2010). Sin embargo, es más que probable que se esté perdiendo información relevante. Se recupera solamente lo mejor posicionado –que suele ser pertinente- pero se pierde lo menos visible y, sin embargo, quizá, también preciso y relevante.

El posible debate entre uso de sistemas generalistas y productos especializados se relaciona con la estructuración de la información y con los lenguajes de interrogación a las bases de datos. Probablemente, ambos conceptos suenen a antiguo en la era de internet y quizá no haya que hablar de ellos. Pero ambos conceptos permiten delimitar los conjuntos documentales y describirlos y analizarlos con distintos fines.

Tanto para construir el corpus referencial de una disciplina como para dar resultados de búsqueda precisos a los usuarios es necesario delimitar las fuentes y analizarlas conforme a unas reglas, a un control de vocabulario, etc. ¿Utilizaría alguien los buscadores, las hemerotecas digitales o los repositorios para realizar un estudio de producción científica de un grupo o institución?, ¿resulta suficiente la utilización de un buscador para lograr una bibliografía de partida para la elaboración de una tesis doctoral?, ¿podrán hacerse en el futuro estudios de evolución de temas, autores e instituciones para una determinada disciplina?

Las bases de datos bibliográficas tienen un papel que cumplir

Quizá la respuesta que darían muchos sería: ya existen Web of science y Scopus. Son multidisciplinares y cubren un gran número de revistas de todo el mundo, ¿es necesario que haya otras bases de datos?

En aras de la pluralidad, de la exhaustividad, de la producción en otros idiomas distintos al inglés y del análisis de contenido que permite recuperar y estudiar mejor el conjunto de artículos de una disciplina, sí. Las bases de datos bibliográficas tienen un papel que cumplir. Otra cuestión es que deban adaptarse a los tiempos. Eso nadie debe dudarlo.

Para los editores de revistas científicas también es importante la labor que realizan los tradicionales servicios de indización y resumen. Aunque aún deben aprovechar más las posibilidades de visibilidad que les ofrecen las bases de datos (Mañana-Rodríguez y Giménez-Toledo, 2011), lo cierto es que en los últimos años hemos ido observando cómo las bases de datos especializadas aumentaban su cobertura hacia las revistas españolas, y en general también hacia las de otros países. Por tanto, si su cobertura es buena y son especializadas (generarán menos ruido al usuario), ¿por qué no se prefieren?, ¿es la suscripción una limitación real al uso? Entonces ¿por qué son utilizadas WoS y Scopus, que tienen costes muchísimo mayores?

Probablemente las bases de datos tengan unos usos distintos a los de los buscadores. Las bases de datos, con su estructura, su análisis documental, su control de vocabulario y su cuidado en la selección de fuentes estarán destinadas a las búsquedas más profesionales, de carácter menos inmediato pero más exhaustivo, a la realización de estudios sobre la ciencia (no de impacto, sino temáticos, terminológicos, etc.). Los buscadores, sin embargo, son los grandes aliados de todos los usuarios que requieran información y documentación relevante, accesible e inmediata… aunque no esté toda.

Si, como señala el informe citado de Oclc (2011), los servicios de referencia virtual están cobrando protagonismo, será necesario potenciar entre los profesionales el conocimiento precisamente de aquellas herramientas que escapan al control de los grandes buscadores. Quizás haya que plantearse de nuevo la intermediación en las búsquedas de información especializadas y precisas como un rol principal de los centros de recursos para la investigación.

Notas

1. Recolecta
http://www.recolecta.net

2. Latindex
http://www.latindex.ppl.unam.mx

Referencias bibliográficas

Falagas, Matthew E.; Pitsouni, Eleni I.; Malietzis, George A.; Pappas, Georgios. “Comparison of PubMed, Scopus, Web of Science, and Google Scholar: strengths and weaknesses”. The Faseb journal, 2008, v. 22, pp. 338-342.
http://www.fasebj.org/content/22/2/338.abstract

Mañana-Rodríguez, Jorge; Giménez-Toledo, Elea. “Coverage of Spanish social sciences and humanities journals by national and international databases”. Information research, 2011, v. 16, n. 4, paper 506.
http://InformationR.net/ir/16-4/paper506.html

Marcos, Mari-Carmen; González-Caro, Cristina. “Comportamiento de los usuarios en la página de resultados de los buscadores. Un estudio basado en eye tracking”. El profesional de la información, 2010, v. 19, n. 4, pp. 348-358.
http://www.elprofesionaldelainformacion.com/contenidos/2010/julio/eye_traking.pdf

McDonald, Steve; Taylor, Libby; Adams, Clive. “Searching the right database. A comparision of four databases for psychiatry journals”. Health libraries review, 1999, v. 16, pp. 151-156.
http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1046/j.1365-2532.1999.00222.x/abstract

OCLC. Perceptions of libraries, 2010. Context and community. Dublin, Ohio: OCLC Online Computer Library Center, 2011.
http://www.oclc.org/reports/2010perceptions.htm

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