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    Nuevos perfiles de profesionales para nuevos proyectos de bibliotecas públicas

    Por Roser Lozano
    25 February 2008

    La biblioteca pública no es únicamente un servicio cultural vinculado al ocio y al entretenimiento. Es mucho más y se tiene que considerar como un servicio público transversal. Directrices y Manifiestos insisten cada vez más en este sentido.

    Actualmente el concepto de cultura ha cambiado y, en lugar de considerarse como el acceso a unos conocimientos enciclopédicos o elitistas, se pone especial énfasis en vincular el fenómeno cultural a la cohesión e integración social, al desarrollo de aspectos creativos del individuo y a ser una herramienta útil para el crecimiento personal y profesional.

    Se vincula también al fomento de valores educativos y de convivencia, tales como la tolerancia o el respeto a diferentes formas de vivir y pensar. Finalmente, el fenómeno cultural se vincula cada vez más al fomento de formas participativas y democráticas.

    Y, por otra parte, se analiza también a la cultura desde una óptica económica intentando medir su impacto en el desarrollo económico de su comunidad.

    Así pues, si consideramos la cultura como un fenómeno transversal, a la biblioteca pública se la ha de considerar no únicamente como un equipamiento y un servicio de ocio o cultural, sino como un servicio inmerso transversalmente en numerosos procesos sociales de la comunidad con impacto en la cultura, pero también en la educación, en la sociedad, en la política y en la economía local.

    Si eso es así, el proyecto de biblioteca que nos hemos de plantear debe desarrollar funciones y servicios directamente vinculados y en cooperación con las otras políticas educativas, sociales y económicas del municipio.

    Este modelo que se va extendiendo, implica plantearnos el tipo o tipos de perfiles de profesionales que se necesitan para poder desarrollarlo con éxito. Personalmente, creo que debemos reflexionar y abrir un debate sobre cómo tienen que ser los profesionales que se necesitan para responder a los retos que tiene actualmente planteados la biblioteca pública y para atender eficientemente a los ciudadanos de este siglo XXI.

    Las competencias necesarias para trabajar en una biblioteca pública deben incluir como mínimo una amplia gama de conocimientos específicos necesarios, conocimientos en Biblioteconomía y Documentación, pero también idiomas, cultura general, conocimiento de su comunidad, conocimientos tecnológicos…etc. Además, se necesitan habilidades como la capacidad de adaptación al entorno, autoaprendizaje, auto-confianza, orientación a resultados, trabajo en equipo, iniciativa, auto-motivación, autocontrol, flexibilidad en las normas, empatía con el público, facilidad para la comunicación…etc.

    Pero además de estos conocimientos y habilidades generales, cada vez más se necesitan diferentes especializaciones y la elaboración, ya desde la Universidad, de un itinerario curricular formativo que permita dotar a las bibliotecas públicas con profesionales especializados y capacitados para diferentes funciones y perfiles, más allá de unos conocimientos estrictamente técnicos, generales y similares para todos.

    En la biblioteca pública no se puede hablar de un único perfil de competencias, sino que hay perfiles diferenciados de acuerdo a los diferentes puestos de trabajo y, por tanto, se tendría que hablar de conocimientos y de habilidades asociadas específicas. Algunos de ellos pueden ser: dirección-gerencia, referencista, animador cultural, especialista en animación y literatura infantil, educador y formador, conservador y especialista en patrimonio, webmaster…etc. Cada uno de ellos ha de tener un perfil de competencias completamente diferenciado, con conocimientos y habilidades específicas y con el compromiso común de servir a los objetivos estratégicos de la biblioteca como organización.

    Sabemos que uno de los lastres más importantes que arrastran las bibliotecas públicas aún y que impiden su modernización es la pobre imagen social que ofrece la biblioteca “ hacia fuera”, que de alguna manera va unida a la imagen que se tiene del bibliotecario. Por suerte, esta tendencia va cambiando, pero no con la rapidez que muchos desearíamos.

    La profesionalización y el “saber hacer” del bibliotecario incide directamente en la calidad de los servicios y en la percepción que tienen los políticos y los ciudadanos de la biblioteca pública. Y cuando escribo esto pienso tanto en una biblioteca de grandes dimensiones como en aquella rural o de barrio a cargo de un único bibliotecario, donde incluso recae en el profesional mucha más responsabilidad en este sentido, puesto que la vinculación persona-institución es aún mucho más importante.

    Y ante la suma de todas estas funciones, de todos estos nuevos servicios y perfiles que requieren conocimientos y habilidades tan diferentes y tan variados, me permito lanzar las siguientes preguntas para la reflexión y el debate:

    • ¿La complejidad y la transversalidad de funciones que desarrollan actualmente las bibliotecas públicas pueden llevarse a cabo únicamente con profesionales de la información?
    • ¿Nos tendriamos que plantear trabajar en la biblioteca pública cada vez más con equipos multidisciplinares de animadores culturales, asistentes sociales, educadores…etc.?
    • ¿No tendríamos que insistir en el desarrollo de conocimientos y habilidades específicas para los diferentes perfiles existentes?
    • Y finalmente… ¿ No tendríamos que considerar el proyecto de biblioteca pública como algo más que un simple proyecto de gestión cultural integrado por actividades y más actividades de ocio y de entretenimiento?

    Roser Lozano
    http://bibliotecatarragona.gencat.cat

    Miembro del Grupo ThinkEPI
    http://www.thinkepi.net

    documenéame documenéame -


    Otras aportaciones

    LAS RESPONSABILIDADES DE LA LABOR PROFESIONAL DEL BIBLIOTECARIO-DOCUMENTALISTA

    Por Juan Francisco Prieto Carrillo

    El artículo que nos remitó Roser Lozano me parece muy interesante. Por una parte es como si se hablara de algo que no acabásemos de asimilar: la importancia real de la cultura (las bibliotecas en este caso) en el desarrollo social y económico del entorno que la rodea.

    A propósito de este tema, existe un artículo1 en el que se repasan las responsabilidades de la labor profesional del bibliotecario-documentalista y la evolución que ha experimentado en los últimos años.

    También analiza cómo las asociaciones profesionales definen las competencias propias de su profesión y de qué manera los currícula académicos de las escuelas se han adaptado al nuevo perfil de profesional que requiere la sociedad actual.

    En principio parece un artículo de los más obsoleto (2001, Junio), pero analizando el contenido, nos damos cuenta de que sigue en absoluta vigencia. Es más, podemos encontrar cierto paralelismo entre el sistema norteamericano y la evolución de los profesionales de la información en España.

    Un saludo para todos.

    1. Aramayo, S. La labor profesional de bibliotecarios y documentalistas en el siglo XXI. En: BiB: textos Universitarios de Biblioteconomia y Documentación, n. 6, junio 2001. Consultado en: 04-03-2008.
      http://www.ub.es/biblio/bid/06arama2.htm