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Comunidades de aprendizaje: tendencia 2013

En una entrada de Dolors Reig en su blog “El Caparazón” del pasado 11 de noviembre de 2012 habla de que las comunidades en las que se aprende, se comparte conocimiento o experiencias profesionales en las que se solucionan problemas colaborativamente son tendencia 2013.

Comunidades hay de muchos tipos, tantos como intereses pueden tener sus miembros. Pero no en todas se aprende colaborativamente ni mucho menos se comparte conocimiento. En este trabajo nos vamos a centrar en aquellas donde sí se produce este fenómeno. Son las denominadas “comunidades de valor”, que son tres: “comunidad de aprendizaje”, “comunidad de interés” y “comunidad de práctica”. Ya que parece ser que van a ser tendencia, veamos qué son cada una de ellas y cómo se pueden distinguir las unas de las otras.

Comencemos describiendo las comunidades de aprendizaje (Cas). Son contextos en los que los alumnos aprenden gracias a su participación e implicación, en colaboración con otros alumnos, con el profesor y con otros adultos, en procesos genuinos de investigación y construcción colectiva del conocimiento sobre cuestiones personal y socialmente relevantes (Onrubia, 2004).

La premisa en que se apoya la idea de las aulas como comunidades de aprendizaje es la consideración de que el aprendizaje individual es, en buena medida, inseparable de la construcción colectiva de conocimiento, y que tal construcción colectiva constituye el contexto, la plataforma y el apoyo básico para que cada alumno pueda avanzar en su propio conocimiento.

De acuerdo con esto, la actividad de las aulas que se estructuran como comunidades de aprendizaje no se organiza, como en las aulas tradicionales, en torno a la transmisión por parte del profesor de determinados contenidos preestablecidos, sino en torno a procesos de investigación sobre determinados temas previamente consensuados entre profesor y alumnos, y que éstos abordan de manera conjunta y colaborativa.

Estos procesos pueden tomar formas concretas diversas, como la elaboración de proyectos, el análisis de los casos, la resolución de situaciones-problema o la preparación de productos que serán presentados públicamente.

El carácter auténtico y relevante de las situaciones, actividades y tareas basadas en los procesos de construcción colaborativa de conocimiento que se llevan a cabo en las aulas que se estructuran como Comunidades de aprendizaje, se concreta en toda una serie de rasgos que difieren radicalmente de los rasgos que caracterizan típicamente la actividad en las aulas tradicionales (Onrubia, 2004).

Así, en un aula organizada como una comunidad de aprendizaje, profesor y alumnos abordan habitualmente tareas globales y complejas, cuya resolución exige utilizar de manera combinada conocimientos y habilidades de diversa índole. Considerando en este marco la diversidad de los alumnos como un recurso esencial para favorecer el aprendizaje y beneficiándose de algo, la enseñanza tradicional nunca pudo lograr que los alumnos aprendan el mismo conocimiento de la misma manera y al mismo tiempo.

De esta manera, por ejemplo, los alumnos de una asignatura como física, aprenden a resolver los ejercicios conjuntamente y comparten la manera de entender los conceptos de modo que aquellos a los que les sea más difícil razonar y comprender el proceso de cómo resolver un problema puedan, al escuchar a sus compañeros, resolverlos. Y así lo aprenden todos a la vez.

Dentro de este contexto educativo, es importante también remarcar que no es posible obviar la influencia del eLearning en el crecimiento del interés por las comunidades. En las aulas de plataformas de formación concebidas por algunas grandes empresas o en los propios foros de algunas intranets, es relativamente frecuente compartir el proceso de asimilación de nuevas competencias o nuevos conocimientos. En el ámbito de la docencia secundaria obligatoria cada vez es más frecuente el uso de las comunidades de aprendizaje como recurso formativo.

Para acabar esta caracterización, hemos de dejar claro que las comunidades de aprendizaje no se resumen exclusivamente a las aulas de la enseñanza y la educación, sino que son claramente exportables a contextos organizacionales, al igual que las comunidades de práctica.

De hecho, las comunidades de práctica no dejan de ser un tipo de comunidad de aprendizaje. La diferencia estriba en que los miembros de las CAs comparten el aprendizaje sobre una materia o concepto concreto, mientras que las CPs comparten el aprendizaje y la experiencia profesional. Por ejemplo, en el contexto de una organización, podría darse el caso de que surgiera una comunidad de aprendizaje entorno a una nueva herramienta informática que haya adquirido la empresa. Y que entre unos cuantos compañeros decidieran ayudarse para aprender más rápido su funcionamiento.

Está claro que no estamos hablando de comunidades de práctica porque no estamos ante el afán de compartir la experiencia y la manera de enfrentarse o resolver tal o cual tarea, sino ante el proceso de aprender a manejar un nuevo software. La comunidad de aprendizaje finalizará cuando todos los miembros sepan utilizar la nueva herramienta.

Sin embargo, si recordamos el artículo de Wenger y Snyder (2000), las comunidades de práctica no están vinculadas al fin de un proyecto u objetivo concreto, por lo que suelen ser más prolongadas en el tiempo. El fin de las CdPs está sujeto, simplemente, a la desaparición del interés por parte de sus miembros en continuar compartiendo conocimiento.

Pasemos ahora a describir las comunidades de interés. Así como las comunidades de aprendizaje están en gran medida ligadas al eLearning, las comunidades de interés forman parte del corazón de internet. Fueron los científicos los primeros en utilizar internet para compartir datos, cooperar en investigaciones e intercambiar información. La llamada World Wide Web fue creada en 1989 por Tim Berners-Lee, que trabajaba en el CERN (Organización europea de investigaciones nucleares). Este sistema de hipertexto, basado en Internet –World Wide Web- fue concebido originalmente para utilizarse como sistema de gestión centralizado y herramienta de comunicación entre los científicos nucleares del propio CERN (Ginebra).

Pero a partir de la segunda mitad de la década de los 90 el uso se fue haciendo extensivo a otros intereses. Seguramente, sin ir más lejos, el fenómeno “fan” ha sido también uno de los mayores impulsores. Seguidores de grupos musicales, cinéfilos, lectores adictos, entre otros. En la actualidad, las casuísticas son infinitas. Desde enfermos de cáncer que comparten desde cómo hacer frente a los efectos de la quimioterapia (desde el Hospital Clínic de Barcelona1 se está llevando a cabo una iniciativa tan brillante como valiosa en este sentido), hasta grupos de madres que comparten técnicas de lactancia y de preparación al parto o información sobre guarderías o colegios2, además de poder efectuar compra online de productos de puericultura, lactancia, etc.

Las comunidades de interés comparten un interés o pasión común. Los intereses pueden ser tan variados como las aficiones o casuísticas de las personas. Pero el interés común no es la praxis profesional y, aunque compartan técnicas o maneras de hacer, el foco común no gira únicamente en torno al aprendizaje un aspecto concreto. Otra de sus características distintivas, tal y como defienden Amstrong y Hagel (2000), es el mutuo desconocimiento entre sus miembros. Aunque las reuniones presenciales de grupos pequeños entre miembros pertenecientes a la comunidad son relativamente frecuentes, lo habitual es que un miembro no conozca personalmente a la mayoría de sus compañeros. Incluso es muy probable que no conozca a ninguno de ellos.

Por último, describiremos, las comunidades de práctica. Una comunidad de práctica es un grupo de personas que desempeñan la misma actividad o responsabilidad profesional que, preocupados por un problema común o movidos por un interés común, profundizan en su conocimiento y pericia en este asunto a través de una interacción continuada.

Para que una comunidad de práctica funcione como tal, es importante que sus miembros desempeñen la misma actividad o responsabilidad profesional, de otro modo, sus miembros no podrán compartir sus experiencias ni profundizar en la praxis diaria. En otras palabras, no estaremos ante una comunidad de práctica, sino más probablemente de una comunidad de interés o de aprendizaje.

Ejemplos muy conocidos de comunidades de práctica son el caso de los reparadores de fotocopiadoras de Xerox, el de los tramitadores de solicitudes médicas de una compañía de seguros, o el de los trabajadores de “La Caixa”.

Las comunidades de práctica tienen una estructura muy simple. Y no necesita de muchas figuras para intervenir y garantizar su funcionamiento diario, aunque no todos los autores están de acuerdo en esto.

Para Wenger, McDermott y Snyder (2001) sólo hay tres figuras o roles distintos a desempeñar en el seno de la comunidad: el moderador, los líderes y los miembros de la CP. Los moderadores (o también llamados dinamizadores) tienen un papel fundamental para garantizar el buen funcionamiento. Los líderes juegan un papel influyente y clave para atraer la participación y legitimar la CP y, por último, los miembros propiamente dichos de la CP que con una participación más o menos activa son el cuerpo central de la comunidad.

El intervalo de tamaño óptimo para garantizar el buen funcionamiento y, por tanto, la eficiencia de una CP debería estar entre 50 y 80 miembros. A nuestro parecer un grupo inferior a 30 miembros tendría una actividad muy pobre y superior a 100 pondría en riesgo la buena gestión de la comunidad, y seguramente acabará dividiéndose en comunidades más pequeñas. Por lo tanto creemos que el intervalo entre 50 y 80 garantiza la salud de la comunidad y su estabilidad grupal.

Por otro lado, la comunidad de práctica no está sujeta a calendario y durará mientras dure el interés de sus miembros.

Las similitudes y diferencias entre las comunidades de aprendizaje y comunidades de práctica, aunque pequeñas, son claras. La frontera entre las comunidades de práctica y las comunidades de aprendizaje es difusa pero consideramos que hay un factor que las distingue claramente. Las primeras surgen y se entienden en el contexto de las organizaciones o de las profesiones. Es decir, pertenecen al ámbito del trabajo diario, a la práctica profesional diaria. De ahí el nombre de comunidad de práctica. Sin embargo, las comunidades de aprendizaje están circunscritas al ámbito docente y al proceso de asimilar conceptos y materias.

Pero hay algunos rasgos más que nos ayudan a distinguirlas. Así, por ejemplo, la diferencia en el número de integrantes (que en las comunidades de aprendizaje es menor que en las CoPs). Además, a diferencia de las de práctica, las comunidades de aprendizaje llegan a su fin cuando ya se han adquirido los conocimientos objeto del aprendizaje. Por otro lado, coinciden plenamente en la posibilidad de una virtualidad total en caso de que se prefiera a la presencialidad, así como en la necesidad de la existencia de la figura de un moderador/dinamizador. Esta figura, al igual que en el caso de las CoPs, es de vital importancia para garantizar el funcionamiento de las comunidades de aprendizaje.

Si comparamos las comunidades de interés y comunidades de práctica, en las primeras se comparte información y experiencias, y éstas pueden o no que tener que ver con la praxis profesional.

Por ejemplo, en Connexions3, los profesionales relacionados con el mundo educativo comparten recursos educativos en abierto de forma colaborativa, y comparten información sobre novedades de estos recursos. También, en E-Lis4 se encuentra el primer repositorio de contenidos en abierto específico para bibliotecarios. Son dos ejemplos muy ligados a la profesión pero en ningún momento profundizan en su conocimiento o pericia, sino que comparten información, novedades y recursos.

Como decíamos anteriormente, las comunidades de interés son un producto claramente derivado de internet. Y este tipo de comunidades sólo existen virtualmente. Además, lo habitual es que un miembro no conozca personalmente a la mayoría de sus compañeros. Incluso es muy probable que no conozca a ninguno de ellos a diferencia de las comunidades de aprendizaje y las de práctica, donde sus miembros sí se conocen entre ellos, de manera previa al nacimiento de la comunidad.

Sin embargo, una característica que tienen en común las comunidades de interés y las comunidades de práctica es que la limitación temporal es el fin del interés de estos dos tipos de comunidades. Aunque, en el caso de las comunidades de interés son muy longevas, y los intereses se van renovando. Cuando un miembro deja de conectarse es muy fácil que aparezca un miembro nuevo.

Por supuesto, hay que considerar que no siempre encontramos comunidades puras. Y que éstas, como sus miembros, evolucionan o pueden atravesar distintas fases a lo largo de su vida. Pero es importante distinguirlas y conocer sus diferencias.

Notas:

1. Hospital Clínic de Barcelona.
http://www.forumclinic.org

2. Crianza natural.
http://www.crianzanatural.com

3. Connexions
http://cnx.org

4. E-Lis.
http://eprints.reclis.org

Cómo citar este artículo:
Sanz-Martos, Sandra. “Comunidades de aprendizaje: tendencia 2013″. Anuario ThinkEPI, 2013, v. 7, pp. ¿¿-??.

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