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Sistemas de gestión de bibliotecas para todos: democratización de la Biblioteconomía y reivindicación de la catalogación

Por Francisco-Javier García-Marco
13 October 2005

Hace poco, algunos miembros de la lista suscitaban el problema de las bibliotecas personales y proponían diversas aplicaciones para su gestión. Algunos días antes había llegado a mis manos una noticia relacionada: la aparición de un software de catalogación y gestión de bibliotecas destinado al ¿usuario doméstico! Vamos, a la madre de tres hijos con doscientos DVDs, la vecinita de al lado aficionada a la novela, la abuela de enfrente forofa de la música clásica y el señor del piso de arriba que creíamos que no leía, porque vive solo y tiene la televisión siempre a tope.

La historia es la siguiente. En 2004 Wil Shipley y Mike Matas, dos programadores casi desconocidos, procedentes de Omni Group —que Shipley había ayudado a fundar—constituyeron una nueva compañía, Delicious Monster. Su primer producto —obviamente el objeto y razón de iniciar la aventura— era un software de catalogación multimedia al que llamaron Delicious Library, y al que dieron un eslogan de ventas como mínimo poco modesto: El mejor software de catalogación multimedia del mundo (The greatest media cataloging software in the world). Algo debía haber, porque la aplicación les proporcionó 54.000 dólares de beneficio en los primeros días de venta sin esfuerzo publicitario.

¿Qué hace Delicious Library? Exactamente eso, gestionar una biblioteca doméstica de forma deliciosa. Basta contar con un Macintosh, una webcam y esta aplicación para empezar a crearla. Basta escanear el código de barras UPC, ISBN o ASIN de un libro, una película, un disco musical o un videojuego… y las portadas de los ejemplares van apareciendo en unas preciosas estanterías virtuales. La catalogación —traída de Amazon en la versión americana— es elemental, pero suficiente para un usuario doméstico y con todas las ventajas de la experiencia Amazon: valoraciones, resúmenes, precios, etc. El usuario puede asignarles puntuación y puede organizar los fondos en colecciones virtuales. Puede incluso dar a las estanterías de la pantalla el mismo orden que a las reales. La búsqueda simple se basa en el mismo mecanismo que Spotlight —la integración con el sistema operativo está cuidadísima—, y el interfaz permite realizar búsquedas en inglés con órdenes habladas.

Pero el pequeño software no se para en catalogar y buscar, sino que, a partir de su integración con la agenda y el calendario del sistema operativo, permite gestionar préstamos y, a través de Amazon, permite solicitar y comprar los documentos, y también ofrecerlos para la venta. Con generosidad y plena confianza y dedicación a su negocio de software, la totalidad de lo que obtienen de Amazon por la intermediación lo donan a ONGs.

Un aspecto fundamental de este software es la interconectividad, también en la línea de los tiempos, aunque tanto se eche de menos en los catálogos bibliográficos tradicionales. Los usuarios pueden publicar sus catálogos en la red para compartirlos con sus amigos por medio de DeliciousExporter, y la aplicación se comunica directamente con el software de Chat y correo electrónico instalado en el ordenador para que los amigos, familiares y colegas puedan difundir y discutir las últimas novedades.

Por supuesto y en la línea del nuevo American way of life, los usuarios se pueden llevar a cualquier lado su catálogo con su iPod.

Lo peor está por llegar, ¿cuánto cuesta todo esto?: 40 dólares.

Algunas tendencias:

  • Fuerte integración con el sistema operativo, que le permite prescindir de elaborar complicados módulos de comunicaciones, respaldo o gestión ya disponibles en los sistemas operativos modernos.
  • Uso decidido de los últimos estándares. La compatibilidad de Delicious Library es notable: importa y gestiona los datos en XML.
  • Orientación a la satisfacción del usuario final, centrándose en la denominada “experiencia” de usuario y conectando el software con aquellas cosas que los usuarios más aprecian de sus herramientas informáticas y multimedia.
  • Delegación de la catalogación en unas pocas agencias especializadas, en este caso Amazon.
  • Alianza de las empresas de software de catalogación con grandes proveedores.
  • Acceso a la última tecnología en periféricos a través de su fuerte integración con el sistema operativo.

Como conclusión, hay que reconocer que este software es especialmente brillante tanto por el análisis de la demanda como por su concepto y ejecución. Acomete sin complejos el problema de gestión de contenidos al que se ve abocado el ciudadano de la sociedad de la información, integrando conceptos bibliotecarios bien asentados, tecnologías normalizadas y bases de datos disponibles en Internet por medio de un interfaz de usuario sencillo y potente. No es extraño que en su corta existencia —apenas tiene dos años— haya recibido varios premios, entre ellos el Apple Design Award for “Best Mac OS X User Experience”. De hecho, el miembro más joven del equipo, Mike, fue fichado en julio pasado para unirse al exclusivo equipo de diseño del interfaz de usuario del Mac OS X.

Otra conclusión importante que el tema me sugiere es lo que la aparición de Monster Library puede implicar en torno a la madurez del mercado de aplicaciones de gestión de bibliotecas. Hace poco, Tomàs Baiget llamaba nuestra atención sobre el proceso de concentración de los proveedores de software de gestión de bibliotecas al hilo del caso de Sirsi y Dynix (Baiget Info Notas, jueves, agosto 18, 2005, Sigue la concentración de empresas). Otras consideraciones aparte, este proceso muestra la madurez de la tecnología y la comoditización del mercado, de la que la aparición de software semejante destinado al usuario doméstico a unos precios increíbles es sólo una muestra más. Todo esto tiene que dar que pensar.

¡Por cierto!, se me olvidaba, no recibo comisión ni de Monster ni del gremio de fabricantes de sistemas de gestión de bibliotecas ni de la fraternitas metadatorum. Mi objetivo es señalar a partir de una anécdota significativa como uno de los monumentos de nuestra profesión —la identificación y descripción de documentos— está vivito y coleando, y como las herramientas de la Biblioteconomía se difunden entre todas las capas de la población al calor de la revolución de la información. Que esa reivindicación venga de la mano, no de bibliotecarios, sino de dos jóvenes informáticos californianos que se quieren comer el mundo de la Informática es un motivo de alegría.

A propósito, ¿quién decía que la catalogación está muerta? Catalogación para todos.





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