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    La deficiencia consentida en el servicio de biblioteca: ¿los profesionales somos conscientes de ello?

    Por Roser Lozano
    6 May 2008

    Se propone una reflexión sobre la función de la biblioteca pública en su liderazgo para la construcción social de las necesidades culturales y para ofrecer más allá de las demandas concretas de los usuarios. ¿Cómo lo podemos hacer desde las bibliotecas públicas?

    En numerosas ocasiones me he referido al concepto de “deficiencia consentida” en la prestación de los servicios de biblioteca pública en nuestro país.

    Hoy intentaré profundizar un poco más en este concepto que es aplicable a las bibliotecas públicas y a toda organización o servicio público en general.

    Las situaciones de deficiencia de servicios en empresas y organizaciones privadas se regula habitualmente a través de la competencia y del mercado ( salvo en el caso de monopolios). La situación de deficiencia suele finalizar con la desaparición de éstas por dejar de ser competitivas.

    Contrariamente, los servicios públicos tenemos una supervivencia asegurada al depender de presupuestos públicos y lo que es una oportunidad, puesto que asegura nuestra pervivencia, puede convertirse también en una amenaza ya que nos puede anclar en deficiencias no superadas.

    Sabemos que las demandas, sugerencias y reclamaciones del ciudadano hacen crecer y desarrollar el servicio de biblioteca; el problema es que… ¿Cómo van a pedir, sugerir o reclamar aquello que no saben que ofrecemos o que podemos ofrecer ? Y pongo un ejemplo simple: si en un escaparate de una tienda únicamente se expone verdura y fruta, podemos pasar una y mil veces por delante de la tienda que nunca entraremos a pedir el pan o el agua que necesitamos, aunque también los vendan.

    Así pues… ¿los ciudadanos han de saber de carrerilla las funciones adjudicadas a la biblioteca pública por el Manifiesto UNESCO 1994 o por las Directrices IFLA/UNESC0 2001 o cualquier otra directriz para pedir que ofrezcamos servicios que las desarrollen?

    Evidentemente todos coincidiremos en que no, aunque algunos insistirán en que el ciudadano no está obligado a conocerlas, pero el político sí. Pero todos sabemos que no es así y que el acceso a un cargo político es a través de unas elecciones y no por concurso/oposición.

    Si el ciudadano siempre ha percibido a la biblioteca pública como una sala de estudios o como un espacio únicamente de ocio, puede presuponer que la biblioteca no puede satisfacer sus necesidades más allá de lo que tradicionalmente ha hecho. Puede, por tanto, que no haga explícitas sus nuevas necesidades sobre la biblioteca porque nadie le ha dicho nunca que realmente es allí donde se le pueden resolver.

    A su vez, el político tiene identificadas estas nuevas necesidades del ciudadano que resuelve creando otros servicios al margen de la biblioteca pública. Así se han creado muchos otros servicios públicos vinculados de alguna forma a funciones propias de la biblioteca pública, pero totalmente al margen y desvinculada de ésta.

    ¿Y el bibliotecario? ¿Es consciente de la situación? Si el profesional de biblioteca pública apenas puede absorber el trabajo diario de la biblioteca, si el 80% de su tiempo lo dedica a la gestión cotidiana de las crisis -y los que trabajamos en bibliotecas públicas sabemos muy bien lo amplio del concepto- y si no se puede contar con un proyecto que ofrezca más allá de lo que se le demanda explícitamente, se reducen peligrosamente las expectativas de crecimiento y, por lo tanto, la posibilidad de crear servicios innovadores en la biblioteca.

    El mantenimiento de la situación de deficiencia consentida a lo largo de muchos años y por todos los agentes implicados (ciudadanos, políticos y profesionales) puede llegar a crear una imagen empobrecida de biblioteca que, mientras continua ofreciendo servicios, continua sobreviviendo anclada en un modelo, hábitos y usos alejados de las necesidades del ciudadano actual y de las funciones que puede desarrollar.

    No hay recetas mágicas para salir de una situación de deficiencia consentida aunque puede ayudar a superar la situación el trabajar para:

    1. Atraer la atención y las inversiones de políticos y de la Administración.
    2. Ofrecer servicios innovadores y útiles que desarrollen las funciones propias de la biblioteca.
    3. Comunicar eficientemente aquello que ofrecemos y lo que podemos llegar a ofrecer.
    4. Crear una imagen corporativa de prestigio de la biblioteca en la comunidad.
    5. Demostrar la rentabilidad social y el impacto de la biblioteca en la comunidad.
    6. Cooperar con otros agentes y dar apoyo a las otras políticas culturales, sociales y educativas del municipio.

    El trabajar con un proyecto de biblioteca pública que integre estos objetivos no ofrece la seguridad de que todo vaya a cambiar inmediatamente, pero lo que es seguro es que sin proyecto, es decir, trabajando mucho pero erráticamente, es imposible alcanzar el liderazgo cultural en nuestra comunidad.

    Roser Lozano

    Miembro del Grupo ThinkEPI
    http://www.thinkepi.net
    rlozano@gencat.cat

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