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El fin de las listas: la necesidad de bibliografías estructuradas

Durante siglos las tareas de organización de la información han sido lineales, unidimensionales. Y la forma de distribuir esa misma información a los usuarios adoptaba la misma apariencia: los metros lineales de estanterías eran homólogos a las listas de referencias bibliográficas resultantes de cualquier consulta, manual o automática.

Hacia finales del siglo XIX, dos nuevos conceptos permitieron comenzar a mostrar alternativas a las listas informativas. Uno de ellos fue el sistema de archivo vertical, presentado en la Feria de Chicago de 1893 y cuyo descendiente más generalizado es el sistema de organización jerárquica de los archivos de ordenador. El otro procede del campo de la información jurídica: las citas de precedentes legales que Frank Shepard transformó en producto en 1873 y que, casi 100 años después, inspiraron el desarrollo de los índices de citas científicas, además de continuar como referencia obligada en su propio campo hasta la actualidad.

A los conceptos mencionados vino a añadirse un tercero, el de los esquemas clasificatorios facetados, desarrollados a partir de 1933 y cuyos conectores permiten poner en relación conceptos pertenecientes a jerarquías distintas, situando un documento a lo largo de varias dimensiones.

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Cómo citar este artículo:
Benito-Amat, Carlos. “El fin de las listas: la necesidad de bibliografías estructuradas“. Anuario ThinkEPI, 2007, v. 1, pp. 148-151.