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Factor de impacto, competencia comercial entre Thomson Reuters y Elsevier, y crisis económica

Cómo citar este artículo:
Aleixandre-Benavent, Rafael. “Factor de impacto, competencia comercial entre Thomson Reuters y Elsevier, y crisis económica“. Anuario ThinkEPI, 2009, v. 3, pp. 27-29.

Factor de impacto, competencia comercial entre Thomson Reuters y Elsevier, y crisis económica

Introducción

Desde hace décadas, el factor de impacto del Journal Citation Reports se viene utilizando cada vez más como herramienta cuantitativa para la evaluación de la calidad de las revistas y como una especie de guía tanto para los autores que quieren publicar sus trabajos como para los lectores que buscan literatura de calidad.

Los usos del factor de impacto han evolucionado y el indicador ha pasado a medir no sólo la calidad de las revistas, sino también la de autores individuales y grupos de investigación, provocando fuertes reacciones entre editores, investigadores, bibliotecarios y comités de evaluación. Los editores tratan de aumentar el factor de impacto de su revista para ganar influencia en su campo, mientras que los investigadores intentan publicar en revistas con alto factor de impacto para ver reconocido su prestigio y lograr la promoción académica y la consecución de subvenciones. Editores, autores e instituciones y grupos de investigación están involucrados en la frenética carrera del impacto y han llegado a desarrollar estrategias para aumentarlo por métodos extracientíficos, como disminuir el número de artículos “citables” (para reducir el denominador del quebrado citas recibidas/artículos citables publicados), fomentar la autocitación y aumentar el número de revisiones.

Fuertes competidores de ISI

La Web of Science de Thomson Reuters (antes Institute for Scientific Information) ha tenido el monopolio en el análisis de citas gracias a sus productos Science Citation Index (SCI) y Social Science Citation Index (Ssci), hoy integrados en la Web of Science.

Sin embargo, en el año 2004 le salieron dos competidores: Google Scholar y Scopus. El primero utiliza un algoritmo para identificar mediante palabras clave los artículos de múltiples editores y sedes web de carácter científico. Es difícil conocer la cobertura de Google Scholar porque no indica las revistas que incluye ni desde qué fecha. Scopus, creado por Elsevier, es un sistema de búsqueda de información que tiene sus propias fuentes y sus propias herramientas para el recuento de citas. Scopus, que tiene una cobertura desde 1996, indexa un mayor número de revistas que Web of Science e incluye más revistas internacionales y en acceso abierto.

Sesgos y desigual representación

Tradicionalmente, investigadores y editores han venido quejándose de la sesgada cobertura del SCI y Ssci, que prima a las revistas de los países anglófonos en detrimento de las de otros países, entre ellos España, que en 2007 tan solo contaba con 35 revistas en SCI, frente a las 2.443 de los Estados Unidos y las 1.391 del Reino Unido. Recientemente, Thomson Reuters, afectada por el temor a verse desplazada del suculento mercado de las suscripciones debido al surgimiento de una seria competencia, ha aumentado considerablemente la cobertura de sus bases de datos incorporando nuevas revistas procedentes de países escasamente representados, entre ellos España.

Sin duda alguna, la inclusión de nuevas revistas españolas en la cobertura del WOS (entre ellas, El Profesional de la Información y Revista Española de Documentación Científica) es una buena noticia. Gracias a ello, revistas que hasta ahora tenían una visibilidad limitada en las bases de datos extranjeras, han entrado a formar parte de la corriente principal o mainstream de la ciencia, ese selecto núcleo de revistas cuyos artículos, con sus citas, contribuye a elaborar el factor de impacto utilizado en la evaluación de la actividad científica.

Las nuevas revistas incorporadas también dispondrán de factor de impacto en los próximos años y contribuirán con sus citaciones a aumentar la visibilidad de las revistas españolas. Sin embargo, la validez de este indicador está en entredicho por razones importantes. Revistas que hasta hace poco tiempo estaban fuera del núcleo de selectas, ahora, de la noche a la mañana, entran a formar parte de él. Este hecho sustenta el ya conocido y discutido argumento comercial, pues se utiliza una base de datos de una empresa con intereses puramente mercantiles en la evaluación de la actividad de los investigadores.

Como Elsevier incluye en la cobertura de Scopus más revistas que Thomson Reuters en SCI, esta última responde aumentando la cobertura para estar en condiciones de competir. Revistas que carecían de esta gracia y que se perdían en el pool de lo que algunos denominan “ciencia perdida en el tercer mundo”, por su dudoso interés para los países situados en la elite científica y dirigentes de las corrientes científicas, al poco tiempo se convertían en revistas de calidad integradas en el mainstream (¿o es que tal vez ya eran revistas de calidad ninguneadas por su escaso interés comercial para estas empresas?).

Lo que desde hace años se viene reivindicando desde los foros científicos, un aumento en la cobertura de la Web of Science con las revistas de mayor calidad de otros países que no sean los angloamericanos, y ha sido sistemáticamente desoído, ahora se aborda por estrategias comerciales poco científicas de empresas privadas a las que se toma como referente en la evaluación de la ciencia y de los científicos españoles.

Por otra parte, cabe preguntarse si la actual situación de crisis que afecta a la economía mundial y sus fatales consecuencias (restricciones de plantillas o despidos, falta de presupuesto y de liquidez, etc.) también va a afectar a estas empresas, que podrían responder a su falta de recursos reduciendo la cobertura de sus bases de datos, con lo que de nuevo asistiríamos a una alteración del valor de los indicadores bibliométricos por motivos extracientíficos.

Propuestas españolas

Se echan en falta más iniciativas europeas en este campo y las españolas no están tenido el impulso y reconocimiento que se merecen, a pesar de que sus planteamientos son los que defienden los especialistas en círculos científicos (habitualmente desoídos): elaborar productos partiendo de las fuentes y revistas del país en el que se desarrolla la actividad científica que se quiere medir, y complementar los estudios e indicadores con otros provenientes de otras fuentes. Por ello, los planificadores y gestores de la ciencia española deberían apoyar iniciativas nacionales como:

“El índice de Impacto de las Revistas Españolas de Ciencias Sociales (IN-Recs), del Grupo de investigación EC3 (Evaluación de la ciencia y de la comunicación científica) del Departamento de Biblioteconomía y Documentación de la Universidad de Granada.
http://ec3.ugr.es/in-recs/

El Factor de Impacto Potencial de las Revistas Médicas Españolas, desarrollado en el Instituto de Historia de la Ciencia y Documentación López Piñero, de Valencia.
http://ime.uv.es/imecitas/impacto_ime.asp

Revistas Españolas de Ciencias Sociales y Humanas: valoración integrada e índice de citas, elaborado por el Instituto de Estudios Documentales sobre Ciencia y Tecnología(Iedcyt).
http://resh.cindoc.csic.es/

Se trata de iniciativas de carácter científico de probado rigor emprendidas por centros universitarios y de investigación no dependientes de intereses comerciales.

En definitiva, las estrategias y decisiones comerciales de empresas privadas no deberían estar en la base que sustenta el sistema español de evaluación de la actividad científica. Resulta preocupante que un país que pretende estar incluido entre los grandes de la ciencia mundial y tener capacidad de autonomía de decisión se preste a este juego de intereses comerciales.

Referencias:

Aleixandre-Benavent, R.; Valderrama Zurián, J.C.; González Alcaide, G. “El factor de impacto de las revistas científicas: limitaciones e indicadores alternativos”. El Profesional de la Información, 2007, v. 16, n.1, pp. 4-11.

Bakkalbassi, N.; Bauer, K.; Glover, J.; Wang, L. “Three options for citation tracking: Google Scholar, Scopus and Web of Science”. Biomedical Digital Libraries, 2006, v. 3, n. 7.
http://www.bio-diglib.com/content/3/1/

Burnham, J. F. “Scopus database: a review”. Biomedical Digital Libraries, 2006, v. 3, n.1.
http://www.bio-diglib.com/content/3/1/1

Grupo SCImago. “Análisis de la cobertura de la base de datos Scopus”. El professional de la información, 2006, v. 15, n.2, pp. 144-145.
http://www.ugr.es/~benjamin/EPI-Scopus.pdf

Jacsó, P. “As we may search – comparison of major features of the Web of Science, Scopus and Google Scholar citation-based and citation enhanced databases”. Current Science, 2005, n. 89, pp. 1537-1547.
http://www.ias.ac.in/currsci/nov102005/1 537.pdf

LaGuardia, C. “ISI Web of Science / Scopus”. Library Journal, 2005, v. 130, n. 1, pp. 40-42.

http://www.libraryjournal.com/article/CA491154.html

Roth, D. L. “The emergence of competitors to the Science Citation Index and the Web of Science”. Current Science, 2005, v. 89, n. 9, pp. 1531-1536.
http://www.ias.ac.in/currsci/nov102005/1531.pdf

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