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    El acceso abierto llevado a su extremo: ¿necesitamos las revistas?

    Por Jesús-M González-Barahona
    6 March 2008

    1. El impacto de internet sobre la publicación científica

    Desde la primera época de internet, uno de sus primeros usos fue la difusión de información científico-técnica. La aparición de la tecnología web permitió avanzar en esta dirección y pronto se empezó a pensar en cómo complementar (primero) y sustituir (después) las revistas en papel por revistas electrónicas. En esta época (principios de los 1990) había quien proponía una nueva era donde cualquier científico tendría disponible, en la pantalla de su ordenador, toda la información que necesitase, de forma fácil y rápida.

    El primer paso en esta dirección supuso el traslado casi literal del modelo de publicación en papel al de publicación electrónica. Los artículos de la revista se volcaron en html o pdf, se enlazaron desde un índice y (normalmente) se pusieron bajo estrictos permisos de acceso: sólo quien ha pagado puede consultarlos. Las revistas en sí, el modo de producirlas, de seleccionar sus artículos, etc. se mantuvieron prácticamente sin cambios, salvo el que supone la aceleración de las comunicaciones por el uso del web y el correo electrónico.

    Pronto quedó claro que el acceso universal a los artículos estaba muy limitado por los controles de acceso1. Incluso cuando un investigador estaba dispuesto a pagar por leer un determinado artículo, muy habitualmente era complicado en la práctica conseguir acceso. Además, al estar estos artículos “ocultos” a la internet “visible”, no son indexados por los principales buscadores, ni van a ser consultados (quizás ni siquiera encontrados) por un lector casual. Y aparecieron muchos otros problemas, relacionados con la economía de estos nuevos medios digitales. Si en la época del papel las revistas tenían una misión clara y difícilmente realizable por otros medios (hacer llegar la producción científico-técnica a aquellas personas e instituciones interesadas por ella, en cualquier parte del mundo), en la época de internet esta misión parece mucho menos clara. Los investigadores pueden, por ejemplo, publicar sus artículos en su propio sitio web, asegurándose así que cualquiera puede acceder a ellos.

    Este modelo de “autopublicación” fue (y sigue siendo) ampliamente probado y por eso los problemas que presenta son bien conocidos. Los artículos, en muchos casos, no son fáciles de localizar, las direcciones donde son accesibles pueden cambiar con el tiempo, se pierden en gran medida los indicadores de calidad que permiten una lectura selectiva, etc. Para solucionar estos y otros problemas, a finales de la década de 1990 se empezó a formalizar todo un abanico de modelos que cristalizaron en la publicación abierta. En los extremos de este abanico tenemos los siguientes casos:

    • La autopublicación organizada por las bibliotecas de las instituciones. De hecho, las bibliotecas ya estaban teniendo una función de preservar los resultados autopublicados (como por ejemplo las tesis doctorales). Ahora, en el mundo electrónico, el coste de mantener una obra accesible a todo el mundo es el mismo que el de mantenerla accesible localmente. Las bibliotecas pueden ofrecer a los investigadores de su institución, por lo tanto, facilidades de autopublicación electrónica organizados, permanentes y con la necesita visibilidad. Los archivos temáticos, como ArXiv2 o E-LIS3, que aceptan cualquier artículo que se les envíe, son una evolución de este modelo.
    • Las revistas tradicionales publicadas ahora como de acceso abierto. Hay revistas electrónicas (preexistentes o nuevas) que dan el paso de permitir acceso público, sin restricciones, a todos sus contenidos. El resto del proceso de producción de la revista (incluyendo la revisión por pares, la selección, etc.) se siguen manteniendo igual que en las tradicionales revistas de papel.

    El primer caso supone la publicación sin controles de calidad o criterios de selección específicos de todo lo que los investigadores consideren conveniente, sin la utilización de filtros intermedios. En el otro extremo, el segundo caso mantiene las características básicas de la publicación en papel, añadiendo su disponibilidad inmediata y sin trabas a cualquiera que quiera consultar los artículos. Se mantiene la figura del editor como ente principal en el proceso de publicación.

    Ambas tendencias son extrapolaciones casi directas, por tanto, de modelos anteriores (la biblioteca o la revista de papel) y aunque ambos añaden nuevas características, aún no se aprovechan de todas las nuevas posibilidades.

    2. Diferentes tecnologías, diferentes costes

    Hasta la llegada de internet, los costes de publicación de una revista científica eran muy similares a los de la revisión por pares y otros mecanismos de control de calidad. De hecho, los costes de impresión y transporte podían ser, especialmente para tiradas pequeñas, más altos que los de revisión y filtrado. Y estos últimos, en muchos casos, estaban basados en expertos que trabajaban como voluntarios, sin recibir recompensa económica.

    Internet ha cambiado completamente el panorama. Ahora, la publicación y “transporte” tienen un coste prácticamente nulo. Basta con poner la revista en un servidor web y ya queda accesible para cualquiera que tenga una conexión a internet, en cualquier parte del mundo.

    En gran medida, este cambio de estructuras de costes es lo que ha permitido los grandes archivos de artículos de acceso abierto. Su coste de mantenimiento es comparativamente tan bajo, que sus beneficios pueden justificarse fácilmente en términos económicos.

    Sin embargo, el coste de revisión y filtrado, basado fundamentalmente en trabajo realizado por expertos en el campo, sigue siendo muy parecido. Esta diferente economía nos sugiere dos posibles caminos. Por un lado, el desacoplamiento de las labores de publicación y de filtrado: especialmente en el mundo de la publicación abierta, no es ya preciso que quien hace el filtrado y la revisión sea también quien publica. Por el contrario, los grandes archivos ponen su material a disposición de cualquiera, incluidos aquellos que quieran asumir los costes de selección y filtrado.

    Por otro lado, merece la pena explorar nuevos mecanismos de filtrado, basados en el trabajo de los lectores, por ejemplo, que ayuden a disminuir los costes de selección de artículos de calidad.

    3. Un ejemplo a considerar: los periódicos y los blogs

    A modo de comparación, es interesante estudiar qué ha pasado (y qué está pasando) en otro ámbito, que presenta muchas similitudes con la publicación científica. Es éste el de la producción de artículos periodísticos, que también ha cambiado (o está cambiando) con la aparición de internet. Los primeros intentos de traducir el modelo de periódico, que llevaron al “periódico electrónico”, supusieron una traducción directa de conceptos. El periódico pasó a ser una colección de artículos enlazados en muchos casos mediante un índice más o menos elaborado. También en este caso se probó con modelos de pago por acceso, pero con el tiempo la mayor parte de los medios pasaron a distintos grados de acceso abierto.

    Sin embargo, esta no ha sido la única tendencia. Pronto los internautas (y los propios periodistas) se dieron cuenta de que ellos podían también escribir sus propios artículos, sin intervención de los periódicos. Primero en listas de correo, más tarde en sitios web, muchos se lanzaron a escribir lo que perfectamente podían considerarse como artículos de prensa, pero sin formar parte de ningún periódico.

    Esta tendencia cristalizó a finales de la década de 1990 en el concepto de blog (bien personal o colectivo), que pronto se convirtió en una alternativa, primero a la prensa especializada, y cada vez más también a la prensa generalista.

    Pronto, los problemas de calidad, selección, filtrado, etc. aparecieron también para los blogs. Pero a diferencia de la publicación científica, donde ha habido pocas experiencias, esta comunidad lleva años probando diversas formas de resolver estos problemas. El enlazado recíproco, las métricas de confianza, las métricas de referencias, etc. se están convirtiendo en las ayudas necesarias de cualquier lector de la blogsfera.

    Esta experiencia, aunque no directamente trasladable, puede sin duda ser una fuente de inspiración para el mundo de la publicación científica.

    4. Una propuesta: nuevos caminos para la publicación científica

    Durante los últimos años se han publicado varias propuestas sobre cómo mejorar los mecanismos relacionados con la publicación científica. Algunos4 proponen la separación del sistema de publicación del sistema de revisión por pares, manteniendo a los expertos independientes como la base de éste. Otros5 exploran la revisión de artículos por lectores que no son necesariamente expertos reconocidos.

    Al respecto ya hay varias experiencias en marcha. En Naboj6 los visitantes puntúan artículos de física publicados en ArXiv, actuando así, de facto, como un filtro a sus contenidos. Philica7, por su parte, es una revista electrónica que publica cualquier artículo que se le envía, pero los ordena según las revisiones de cualquier lector que quiera enviarlas.

    Otros sitios están proponiendo diversos mecanismos de puntuación de artículos. Por ejemplo, SciRate8 usa ideas de Digg9, permitiendo que los visitantes del sitio muestren sus preferencias por un determinado artículo. Sumando estas preferencias, cada artículo obtiene una puntuación.

    Y es fácil imaginar nuevas posibilidades. Por ejemplo, sistemas de certificación, donde cuando un lector puntúa (o revisa) un artículo queda, además, anotado cómo percibe la comunidad a ese lector en particular (de forma que el valor de sus comentarios pueda ser ponderado). O procesos de revisión abiertos, donde cualquier lector (o bien personas entre un grupo de expertos escogidos) puede comentar (como lo haría un revisor) sobre un artículo, de forma que cualquiera que lo lea pueda acceder también a estos comentarios.

    Cada uno de estos caminos nos llevarán a nuevos escenarios, a partir de los cuales se podrán evaluar y reelaborar modelos, e ir un paso más allá. El fin de este camino no lo podemos aún imaginar (si pudiéramos, casi podría decirse que lo tendríamos aquí ya). Pero podemos estar seguros de que el espacio para la experimentación es inmenso.

    Todavía es pronto para saber cómo será la publicación científica dentro de 20 años. Pero podemos estar seguros de que, si seguimos explorando todos estos caminos, será bastante diferente a la del siglo XX (o a la que tenemos hoy mismo). Desde luego, muchos intereses y tendencias complican la exploración. Muchas editoriales tradicionales están preocupadas por la desaparición de su modelo de negocio, pero también muchos científicos están preocupados por el impacto de estos cambios en la baremación de profesionales. Aún así, también son muchos los que están sinceramente interesados en aprovechar al máximo las nuevas posibilidades tecnológicas para cumplir el fin de la publicación científica: que el conocimiento llegue lo antes posible y de la mejor forma posible, a quien lo necesite.

    Referencias

    1. Berry, R. Stephen. “Is electronic publishing being used in the best interests of science? The scientist’s view”. En: Electronic Publishing in Science II. Paris: Unesco HQ, 2001.
    2. [volver]

    3. ArXiv.org. Consultado en: 16-03-2008.
      http://arxiv.org
    4. [volver]

    5. E-LIS: E-Prints in Library and Information Science. Consultado en: 16-03-2008.
    6. [volver]

    7. Ginsparg, Paul. Can peer review be better focused? Consultado en: 16-03-2008.
      http://people.ccmr.cornell.edu/~ginsparg/blurb/pg02pr.html
    8. [volver]

    9. Anderson, Chris. “Technical solutions: Wisdom of the crowds”. En: Nature, 2006. Consultado en: 16-03-2008.
      http://www.nature.com/nature/peerreview/debate/nature04992.html
    10. [volver]

    11. Naboj Dynamical Peer Review (alpha). Consultado en: 16-03-2008.
      http://naboj.com
    12. [volver]

    13. Philica: where ideas are free. Consultado en: 16-03-2008.
      http://philica.com
    14. [volver]

    15. Scirate.com. Consultado en: 16-03-2008.
      http://scirate.com
    16. [volver]

    17. Digg. Consultado en: 16-03-2008.
      http://digg.com
    18. [volver]

    Jesús-M González-Barahona

    Este texto lo ha escrito a petición del Grupo ThinkEPI.
    http://thinkepi.net

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