Brecha digital española
Por Isidro-F Aguillo16 January 2006
El concepto de brecha digital (en inglés digital divide) se ha aplicado hasta la fecha para señalar las diferencias existentes en el acceso a la Sociedad de la Información entre países pobres y ricos, atendiendo fundamentalmente a la disponibilidad de infraestructuras de telecomunicaciones y de equipamiento informático. Pero, como bien refiere la Wikipedia en su entrada correspondiente, empiezan a aparecer segregaciones debidas a barreras más sutiles, incluyendo la que protagoniza cierto escepticismo acerca del carácter e impacto final de la revolución digital.
Mientras el uso de internet no se generalizó y no se dispuso de estadísticas adecuadas, el debate fue poco relevante, pero los indicadores ahora disponibles sugieren que la magnitud de la grieta es ya sustancialmente mayor de lo esperado y puede conducir en el caso de la Web a nuevas formas de colonialismo cultural por la ausencia de diversidad de la información allí publicada.
En términos generales los datos sugieren que los países anglosajones han asumido plenamente el reto y publican grandes cantidades de información de todo tipo en la Red. No sólo se trata de volumen, sino que existe un programa tácito de incorporar la Web a todos los sectores y niveles tanto de la actividad pública como la privada.
Es significativo que son los actores de las llamadas industrias del conocimiento los que lideran las clasificaciones Web. Así utilizando la visibilidad en Google, los medios (prensa escrita sobre todo) aparecen entre los primeros en todos los países, aunque son las grandes empresas punto.com las que monopolizan los rankings estadounidenses mientras los actores europeos son más variados: instituciones culturales, deportivas y educativas y sedes de las administraciones públicas.
En el caso español, entre los veinte primeros aparecen 7 periódicos, la Biblioteca Nacional de España (BNE) y la Virtual Miguel de Cervantes, el Museo del Prado y la Real Academia y la Generalitat de Catalunya, pero no hay presencia del Gobierno ni de ningún portal de la Administración. Entre las universidades, sólo la Complutense aparece en el recuento.
Los nombres proporcionados por el Google internacional son ligeramente diferentes y destacaríamos la aparición entre los Top 20 a la Universidad Autónoma de Barcelona o de Iberia, lo que ilustra el compromiso exterior de estas organizaciones.
Un análisis más detallado de algunas de estas sedes nos permite encontrar algunos patrones curiosos: Las bibliotecas nacionales aparecen en la columna vertebral de los webespacios español, inglés y francés, aunque el número de visitantes de la British Library es muy superior a la de las otras dos, que tienen datos de usuarios muy parejos. Y eso que Google indiza cientos de miles de registros del catálogo de la BNE.
La “apuesta comercial” de El País de cobrar el acceso a su edición electrónica le costó muchas visitas, pero mantuvo su posición de privilegio en los buscadores dado que siguió recibiendo muchos enlaces.
Estos casos puntuales evidencian parte del problema, pero es en el caso de las universidades donde las cifras muestran más claramente la dimensión de la brecha. En nuestro ranking de universidades Webometrics no sólo aparece un 46% de instituciones estadounidenses entre las 1.000 primeras, sino que más significativamente el volumen medio de páginas web y documentos pdf, doc o similares es mucho mayor en las universidades de los EUA. De hecho, no sólo es varias veces superior, sino incluso varios órdenes de magnitud mayor, situación en la que nos acompañan universidades tan prestigiosas como las francesas e italianas.
La situación descrita es preocupante, pero como se puede ver se trata de una batalla abierta en un campo donde documentalistas y profesionales de la información tienen mucho que decir. Se trata de publicar en la Web, pero no sólo de publicar: hay que organizar, estructurar, interconectar y hay que lograr que la información sea visible. Es decir que atraiga a un gran número de visitas, acercando la audiencia real a la potencial.
Este objetivo sólo es posible hoy en día a través de los motores de búsqueda, presentes no olvidemos en 3 de cada 4 sesiones web. Entendiendo que hay que generar contenidos y que el posicionamiento de los mismos es instrumental para la obtención de visibilidad, la propia existencia de la brecha justifica programas institucionales de publicación web donde los documentalistas ocupan un lugar clave.
La incorporación de una “agenda política” puede parecer peligrosa pero se justifica con ejemplos de flagrantes malas prácticas: Véanse por ejemplo las sedes del Parlamento de Galicia (invisible a Google) o de la Comunidad de Madrid (sin títulos de páginas).
Por no quedarnos en los casos negativos, aplaudimos el trabajo de los responsables de Dialnet, que representa 2/3 de la presencia en Google de la Universidad de la Rioja o las páginas de la librería Agapea, omnipresente en los listados de los buscadores cuando se busca un título concreto.
Dejo para el final un sector donde todavía no se ha empezado a trabajar en profundidad, pero que con el creciente número de líneas ADSL instaladas ofrece la infraestructura necesaria para una explotación generalizada. Hablo de los recursos que requieren banda ancha. Los documentalistas españoles deben incrementar su conocimiento del mundo multimedia y promover y diseñar portales en este sector, tales como las librerías de vídeos de AthenaWeb o de la Internet Bird Collection, esta última líder mundial en su temática y realizada en Barcelona.
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