Biblioteca 2.0: ¿revolución o nuevo maquillaje para viejas formas de hacer?
Por Roser Lozano21 July 2008
Una de las experiencias profesionales más interesantes de los últimos tiempos, y de la que recomiendo la consulta de los materiales resultantes, ha sido el desarrollo de la comunidad de prácticas virtual “Web social para profesionales de la información”, promovida por Sedic, y que se ha desarrollado entre el 14 de abril y el 20 de junio de 2008.
Sus aportaciones han sido realmente interesantes para todos los profesionales que intentamos seguir la actualidad profesional y en especial el desarrollo del “movimiento 2.0” en el entorno bibliotecario. Nos han dejado una cantidad ingente de interesante información para digerir y una extensa recopilación de ejemplos, materiales y recursos a través de la recién creada wiki.
Mucho se ha comentado ya, sobre todo en “círculos virtuales”, sobre el concepto de biblioteca 2.0 desde que Michael Casey, en su blog LibraryCrunch, gestó el término “Library 2.0”, que ha ido tomando envergadura con el tiempo. Cuando nos referimos al concepto Library 2.0 o Biblioteca 2..0, se hace siempre referencia a un nuevo modo de entender las bibliotecas y los servicios de información.
El blog Deakialli DocuMental (no nos podemos perder los posts de Catuxa Seoane si deseamos estar al día de las nuevas aplicaciones de la biblioteca 2.0), resalta una frase que resume bastante bien este nuevo concepto:
“La Biblioteca 2..0 es un modelo de funcionamiento que permite que las bibliotecas respondan rápidamente a las necesidades del mercado […] es una filosofía del cambio rápido, de las estructuras de organización flexibles, de las herramientas nuevas de la Web 2.0, y de la participación del usuario, que pondrá a la biblioteca en una posición mucho más fuerte, que resuelve con eficacia las necesidades de información de una población cada vez más grande”.
Una biblioteca 2.0, más allá de ser una simple suma de incorporaciones tecnológicas, ha de estar abierta al cambio continuo, ofrecer servicios actualizados y continuamente evaluados y crecer junto al usuario. La participación e interacción con el usuario ha de ser el punto de partida de cualquier servicio, ya sea presencial o virtual.
El usuario gana poder en este nuevo concepto de biblioteca: poder de decidir qué le ofrecemos y cómo se lo ofrecemos, poder de generar, compartir y distribuir información y no únicamente de consumir; poder de decidir qué le interesa y qué no es relevante que continuemos ofreciendo, pero, a cambio, el bibliotecario puede ganar autoridad. No confundamos poder con autoridad. No es lo mismo.
En estos momentos de cambio, podemos ganar autoridad si no tenemos miedo a perder el poder y conseguimos situarnos como profesionales necesarios que orientamos, damos apoyo y generamos espacios y servicios al ritmo de las nuevas posibilidades tecnológicas y apostamos por un “nuevo” modelo de biblioteca basado en la interacción y participación del usuario. Es decir, ganaremos autoridad en la medida que seamos capaces de interrelacionarnos con los usuarios y, como consecuencia de ello, mejorar e innovar continuadamente.
Y no olvidemos que uno de los cambios más radicales al que nos llevará esta nueva forma de entender la biblioteca es a un nuevo modo de ofertar la información y servicios que gestionamos. A mi entender, uno de los ejes fundamentales que determinará el éxito o fracaso de este modelo de biblioteca 2.0 será el modo de organizar y recuperar la información, tanto desde el punto de vista virtual como en la forma de ofrecer y disponer los materiales y el diseño del espacio físico. ¿Cómo podríamos entender una biblioteca 2.0 únicamente a través de una web?
Y ello me lleva a pensar que si pretendemos orientar la biblioteca al usuario (¿es posible entender una biblioteca pública sin esta orientación al usuario?), tendremos que saber trabajar mucho más el concepto de “segmentos”, de “perfiles” de usuarios y no usuarios, de “necesidades y expectativas”, etc.
Hace tiempo que tengo asumido que el modelo de biblioteca pública del “todo para todos” no resulta y ya somos muchas las bibliotecas públicas que trabajamos desde hace tiempo con segmentos, necesidades y comunicación específica para diferentes perfiles de usuarios. El auge y el éxito de las bibliotecas específicas para público juvenil demuestra que es una buena línea de trabajo.
Y definitivamente, no puede haber biblioteca 2.0, sin que haya una buena tarea de planificación y de gestión de los servicios a ofrecer. Detrás de una biblioteca 2.0 ha de existir un proyecto global de biblioteca pública, coherente con las necesidades de los ciudadanos y con los recursos con los que se cuenta. No es suficiente con incorporar algunas aportaciones tecnológicas. El cambio se ha de extender mucho más allá.
Y si hemos de orientarnos a los ciudadanos, presencialmente o virtualmente, tendremos que tener presente que, la “personalidad” virtual de la biblioteca, se ha de corresponder con la “presencial”. Muchos usuarios conocen a la biblioteca pública a través de la Web y después pasan a ser usuarios habituales de servicios presenciales. Y si es cierto que el diseño determinado de una web, su usabilidad y la utilidad de sus servicios te invita o no a pasearte por ella y a utilizarla o no habitualmente, también es cierto que una biblioteca atrae o separa a un público determinado por el modo de ofrecer los materiales, por el diseño de sus espacios físicos, por el modo de ofrecer el servicio e interrelacionar con el ciudadano, etc
También la organización y la recuperación de la información tendrían que adoptar una clara orientación al usuario. El concepto de catalogación social, Opac social u Opac 2.0 nos remite al aprovechamiento de la denominada inteligencia colectiva y es uno de los ejemplos más claros sobre la aplicación de las nuevas posibilidades tecnológicas y de la actitud 2.0 a la catalogación, para permitir que los usuarios incluyan comentarios y textos, etiquetas, realizar votaciones, etc.
Library Thing -el club de lectura más grande del mundo-, nos recuerda todo aquello que nos queda por mejorar en nuestros catálogos y ya es fuente de inspiración para bibliotecas públicas que han asumido esta filosofía, como la Danbury Library, la Hennepin County Library o la Ann Arbor Library, por citar unas cuantas buenas prácticas que deberíamos tener en cuenta.
En España, los ejemplos de biblioteca 2.0 son tímidos y aún de muy limitado alcance , por diversos motivos. El más extendido sea quizás la falta de autonomía para decidir sobre incorporaciones tecnológicas o sobre diseños web de una gran parte de bibliotecas públicas, especialmente las de mayor tamaño, las que disponen de más recursos y por tanto las primeras que podrían abanderar un cambio de modelo global.
Primero tendremos que esperar a que las administraciones se imbuyan de esa tan aclamada “actitud 2.0” para poder dar un paso adelante y permitir que podamos incorporar las nuevas aportaciones tecnológicas para facilitar este cambio de modelo. Y tal vez, por esta razón, en España, las bibliotecas que han introducido algunas de las nuevas aplicaciones tecnológicas, son básicamente bibliotecas de pequeñas dimensiones como puede ser el caso de la Biblioteca Pública de Muskiz o la Biblioteca Pública de Palafrugell, organizaciones pequeñas que, en situaciones de cambio, tienen en la flexibilidad y en la autonomía de decisión unas buenas aliadas para afrontar el reto.
Pero más allá de incorporar aplicaciones tecnológicas, ahora tenemos la posibilidad de plantear un cambio mucho más radical de modelo de biblioteca. Ejemplos como el de la Mediathèque ESC Lille se han de tener en cuenta como referencia a la hora de diseñar nuevos servicios bibliotecarios en entornos 2.0. Su web nos recuerda que sí es posible el cambio, al menos en cuanto a imagen y forma aportando frescura, originalidad e innovación en la forma de presentar sus servicios, sin perder un ápice de credibilidad profesional.
También alrededor del concepto de “Biblioteca 2.0” se incluyen muchas frases hechas, repetitivas que hablan de revolución. Los que casi somos del mundo de ayer, hemos visto cuantas veces se ha hablado de revolución y de cambio en el mundo bibliotecario. Hemos presenciado muchas “revoluciones” fracasadas que nos tenían que llegar de la mano de la informática, de las TIC, de la incorporación de todo tipo de materiales, del impacto de Internet, etc.
Ciertamente, el modelo de biblioteca pública se ha transformado y cambiado como consecuencia de asumir todos estos retos, pero realmente no ha habido revolución alguna y continuamos con el “viejo” modelo y “viejas” formas de hacer. Y aún más, continuamos hablando, planificando y diseñando “en antiguo”, sin tener en cuenta las transformaciones tecnológicas, culturales y sociales que han impactado en nuestro mundo.
Así que cuando se habla de la biblioteca 2.0 básicamente como “orientación al usuario”, no lo veo realmente yo como un rasgo diferencial de esta pretendida revolución, porque realmente es una de las frases repetitivas que más se han utilizado a lo largo de las pasadas décadas. Hace años que se dice, se publica, se teoriza sobre ello y ha sido uno de los conceptos más asumido por las bibliotecas públicas que han abanderado un cambio de rumbo en el pasado.
Y no teníamos por qué haber esperado a las herramientas de la web 2.0 para fomentar esta participación, interacción y comunicación con el ciudadano, porque de “haberlas, haylas” desde hace ya décadas, aunque, como las “meigas”, prácticamente nadie las haya visto poner en práctica en su biblioteca: grupos de discusión, asociaciones de amigos, voluntarios, encuestas de opinión y satisfacción, foros y chats, reclamaciones y sugerencias, etc.
Otra cosa es que no se hayan utilizado o que sus resultados no se hayan aprovechado para la mejora de los servicios. Así pues, de alguna forma discrepo también en considerar que hacían falta la aparición de estas nuevas herramientas tecnológicas para tener en cuenta la importancia de la participación e interacción del ciudadano en el diseño de los servicios bibliotecarios.
El núcleo de la cuestión es ¿para qué haremos servir todas estas nuevas herramientas tecnológicas de interacción y de participación? ¿para que los ciudadanos recomienden libros o para que participen en la política de selección de la biblioteca? ¿para que voten un servicio o para cambiar ese servicio mal puntuado? ¿para que utilicen sus propias etiquetas (tags) o para que reflexionemos sobre la obsolescencia de catalogación heredada del siglo XIX?
La confianza radical en el usuario, el aprovechamiento de la inteligencia colectiva, ¿para qué vamos a utilizarlas? ¿para que parezcamos una biblioteca 2.0 y “estar a la moda” o realmente para encarar un cambio radical en la forma de planificar y gestionar la información y los servicios bibliotecarios?
Es decir: ¿nuevas herramientas como un nuevo maquillaje para enmascarar viejos modos de hacer o, por fin, estamos ante una verdadera revolución del modelo bibliotecario?
En los próximos años, lo más interesante a mi entender, será acabar de dilucidar si estas nuevas herramientas tecnológicas acabarán siendo simplemente innovaciones que “absorberán” al “viejo” modelo de biblioteca pública o si, “finalmente y por fin”, provocarán la auténtica revolución de un modelo de biblioteca pública heredado del siglo XIX y que hace tiempo que ya debería haberse revisado.
Roser Lozano
rlozano@gencat.cat
Miembro de ThinkEPI
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Otras aportaciones
UN MODELO DE BIBLIOTECA ACORDE A NUESTROS TIEMPOS
Por Marcos Ros-Martín
Suscribiendo lo dicho ya por Roser, considero que las bibliotecas han llegado a un punto crítico en el que deben de evolucionar adaptándose a los cambios sociales y culturales de la sociedad, porque tal y como la autora señala, las bibliotecas aparecen estancadas en un modelo heredado del siglo XIX.
Ya lo he comentado en distintas ocasiones, pero lo que está sucediendo es que las Bibliotecas están descubriendo que al fin tienen competencia dentro de su mercado, que es ofrecer información de forma sencilla, gratuita y accesible al ciudadano de a pie.
La utilización de términos como “segmentos”, “perfiles”, “necesidades y expectativas” con tanta crudeza pueden recordar más a la gestión empresarial que a lo enseñado en la gestión bibliotecaria. Sin embargo, sucede que las bibliotecas están comenzando a sentirse amenazadas por un mercado de la información, cultural y del ocio ubicuo en el que no pueden quedarse sentadas y esperar simplemente a que los usuarios acudan a ellas.
Realmente, sí que se trata de una revolución. Revolución en el sentido de la llegada de una competencia real y despiadada, pero ante la cual no podemos amedrentarnos. Hay que convertir las amenazas en oportunidades y la adopción del concepto 2.0 es el camino hacia el que nos debemos dirigir para sobrevivir.
Durante el periodo de aceptación y difusión de Internet, los bibliotecarios se otorgaron una nueva etiqueta, la de buscadores de informaciones personales, ahora adoptan una nueva etiqueta, la 2.0, aprovechando el revuelo de las nuevas herramientas creadas en el marco de la web colaborativa. Lo cual no está mal, claro que no, porque al fin y al cabo hay que conocer las tendencias y los usos que hacen nuestros usuarios de la información. Debemos tratar de acercarlos a nosotros y para ello debemos conocer las herramientas, pero también se debe repensar el modelo de biblioteca que queremos.
Ser participativo es dar una pequeña parte del poder que ostentas, sí, puesto que tienes que ser transparente y asumir los errores que sin duda tus usuarios descubrirán. Tendrás alabanzas, y también críticas, pero siguiendo el ejemplo de la Web 2.0, el eterno estado beta: un servicio bibliotecario nunca es perfecto ni está acabado, siempre está evolucionando. Nosotros debemos acompasar ese proceso, siendo conscientes qué podemos aportar a la sociedad, qué usuarios nos necesitan más que otros y qué perfiles necesitan qué tipo de información.
Por supuesto que todo este debate se queda en agua de borrajas cuando las bibliotecas se quedan sin fondos para la adquisición de libros porque se quedarían en las cajas (como sucede en la Comunidad Valenciana), pero eso ya es otra historia.
NECESIDAD DE EVIDENCIAS DE EXPERIENCIAS 2.0 PARA LOGRAR CAMBIOS
Por Nieves González
Parece que conforme van llegando las vacaciones, nos prestamos más a la reflexión y hacer balance del curso que termina. Por ello suscribo yo también las palabras de Roser y Marcos y sus reflexiones sobre la Biblioteca 2.0, como revolución o simple maquillaje de viejas formas.
Pero hay algo que me gustaría matizar, no creo que “haya que esperar a que las administraciones se imbuyan de la actitud 2.0 para dar un paso adelante
e incorporar las nuevas tecnologías que faciliten el cambio de modelo”. Creo sin embargo que algo siempre se puede hacer, desde la segunda, tercera o undécina fila de la muy jerarquizada organización a la que pertenezca nuestra biblioteca. Y de hecho, creo que la mayoría de las realizaciones que en España se están llevando a cabo responden a este planteamiento.
Lo más dificil de conseguir si queremos provocar el cambio hacia la biblioteca 2.0 es el cambio de actitud. Y esperar que los que están en la primera fila tomando decisiones lo hagan es tarea dificilísima si no se presentan resultados que convenzan de su bondad y justifiquen el cambio. ¿Cuántas veces hemos oído la frase “lo que funciona no se debe cambiar”? Sin embargo, si siempre se usara esta teoría, no habría progreso. Nos hubieramos quedado en el coche de caballos que, sin duda, les funcionaba bien a los de la época.
Por lo tanto, creo que necesitamos resultados, evidencias de aplicaciones 2.0 que hayan mejorado los servicios y el nivel de satisfacción del usuario, si esperamos realmente convencer a quienes toman las decisiones y, mientras esto ocurre, “A Dios rogando y con el mazo dando”, ¿por qué no empezar con
un blog que vaya contando a los usuarios lo que se hace en la biblioteca? ¿o wikis de recursos especializados de la biblioteca que faciliten la participación de los usuarios y la inteligencia colectiva? ¿o subimos fotos o vídeos de la biblioteca a Flickr o YouTube y animamos a los usuarios a que tambien lo hagan? Cantidad de ideas, de todos los tamaños, que podemos ir asumiendo desde cualquier estamento en el que nos encontremos. Lo único que se necesita es actitud (y algún nacido digital cerquita).
De lo poco que sé, después de estos últimos años de experiencias con la biblioteca 2.0, es que los servicios y aplicaciones 2.0 que vemos ya en bibliotecas españolas responden más a iniciativas personales que van “evangelizando” que a jefes administrativos que planifican desde arriba. Sin lugar a dudas que la planificación debe llegar, pero antes tienen que ver resultados para convencerse. O que la biblioteca de referencia (todos tenemos una), integre estos servicios 2.0 y los coloque en lugar destacado en su web.
De todas formas, tarde o temprano, y ya lo estamos viendo en el resto de los sectores que nos rodean (véase el BBVA y Tu Cuentas), los nacidos digitales los exigirán y sólo podrán responder aquellas instituciones (bibliotecas incluidas) que estén preparadas y demuestren cierta experiencia.
Y en esta linea de reflexión proactiva, ¿por qué no empezamos todos los que ya tenemos la actitud 2.0 a contar lo que hacemos en la wiki Biblioteca 2.0
de SEDIC que comentaba Roser en su mensaje?.
Sería una forma de recoger los servicios y aplicaciones 2.0 que ya están funcionando en las bibliotecas españolas, ayudando a dar ideas y sirviendo de foro de intercambio de experiencias y resultados. Solo hay que solicitar las claves para editar. ¿Quién se anima?
INICIATIVAS 2.0 HORIZONTALES
Por Marcos Ros-Martín
Tal y como señala Nieves, las iniciativas 2.0 desde nuestras bibliotecas no deberían ser lanzadas de forma vertical, es decir, esperando que desde una instancia superior nos indique el camino o nos provea de las herramientas necesarias para ser 2.0, si no más bien al contrario, de forma horizontal.
Fernando Juárez, sin ir más lejos adalid de la Biblioteca 2.0, en su artículo Tecnología, innovación y web social: el valor de la dimensión en la biblioteca pública. El caso de la biblioteca de Muskiz, nos relataba sus inicios en la Web 2.0 y nos contaba que lo hacía de una forma completamente horizontal.
Es decir, se reunían una serie de bibliotecas-bibliotecarios para ir probando y añadiendo herramientas que podían ser útiles para sus respectivas bibliotecas. Agua para su molino, contaba en otra ocasión.
pero ahí encontramos otra de las diferencias. Cada biblioteca tiene sus necesidades particulares, su público objetivo y no hay que esperar que desde arriba nos solventen la papeleta con una herramienta que puede que nos resulte inútil para nuestras necesidades, sino más bien al contrario, disponer de las herramientas que podemos utilizar a un coste cercano a cero en internet para ofrecer servicios específicos a nuestros usuarios.