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El debate de la formación universitaria en ByD: más allá de Bolonia

Desde hace muchos años se debate la formación universitaria en biblioteconomía y documentación. En un primer periodo se hablaba sobre si era necesaria, en un segundo momento positivo asistimos a una rápida implementación en toda la geografía española y en un tercer periodo actual en torno al Proceso de Bolonia.

Pero el debate actual sobre los estudios en nuestro campo en realidad no debe ser tanto sobre este proceso de armonización europea sino sobre nuestra propia subsistencia. Los datos de bajada de matriculación de alumnos en nuestros estudios desde hace cinco años son realmente alarmantes.

Además, por otra parte, los estudios de inserción laboral muestran como el empleo al que acceden nuestros titulados es bastante negativo y, en realidad, son contratados más como técnicos medios que como profesionales. De todas formas este suceso no es nuevo, Estados Unidos ya vivió el cierre de sus escuelas de biblioteconomía. Y este cierre, para diversos autores1, se debió a su aislamiento con respecto a la profesión y al propio ámbito universitario.

La clave para aumentar nuestro campo de acción es no contemplar nuestra formación en las competencias necesarias en bibliotecas, archivos y centros de documentación, sino en un objetivo más amplio que es la gestión de la información. Así, al servir a un mercado más grande y diverso, los programas de formación podrán crecer y diversificarse y aumentarán sus posibilidades de supervivencia.

Es cierto que durante estos años, muchos planes de estudios han incorporado asignaturas en este sentido, pero lamentablemente no han servido para que el alumno adquiera realmente nuevas competencias que le den verdadero valor añadido en las organizaciones. Así, por ejemplo, las materias del área de informática se han planteado a nivel de usuario o para que los alumnos puedan ser interlocutores de los informáticos cuando en la actualidad el reto es mayor y el profesional de la información debe tener unas competencias tecnológicas que le permitan ser autónomo2.

Durante una década, nuestras escuelas y facultades de biblioteconomía vivieron una época dorada en cuanto a número de alumnos. Si bien es cierto que muchos de esos alumnos llegaban simplemente porque no tenían cabida en otras titulaciones (como periodismo) o, porque al tratarse de una diplomatura, tenía una duración menor y un acceso laboral fácil.

Ahora, con los grados, una duración en créditos igual para todas las titulaciones y la excepcional oferta de estudios que hay, nuestra titulación va a tener una fuerte competencia. Además, en el momento de decidir los estudios universitarios, a los diecisiete años, uno se guía sobre todo por la imagen social de la carrera y lamentablemente la nuestra sigue sin tener una imagen profesional fuerte.

Cabe la posibilidad de que en los próximos años veamos una desaparición del grado en información y documentación, y que nuestra formación se vea únicamente contemplada en los masters. En muchos países ha ocurrido así. Y esta situación, si logra dar un mayor nivel a nuestra formación, no tendrá porque ser dramática.

Estos posgrados tampoco podrán ser tradicionales, con una formación sólo basada en la biblioteconomía, documentación y archivística, sino que deberán ser conjuntos con otras disciplinas. Así, la flexibilidad y la cooperación con otros campos aparecen como claves. Y esta apuesta por la apertura del campo educativo para sobrevivir en la sociedad de la información será la única salida que nos quedará.

Es cierto también que la formación universitaria sólo puede proporcionar un punto de referencia y unas bases sobre las cuales cada persona construirá su conocimiento individual y su rango de competencias. Así, ya no podemos hablar de un único modelo de plan de estudios válido para nuestra profesión.

Pero las instituciones educativas debemos elaborar una estrategia ante este cambio profesional. Wilson, ya hace años, aplicaba la teoría de la catástrofe para establecer las estrategias de acción: colaboración, convergencia y diversificación. La colaboración se ha manifestado en el ámbito de Gran Bretaña incluso con la fusión de departamentos. La
convergencia, para este autor, es fruto de la integración tecnológica en internet, y así todas las disciplinas que usan esa tecnología convergen en la comunicación.

Señala ejemplos en diferentes países como Noruega, donde la Escuela de biblioteconomía se combina con la Escuela de Periodismo, o como Nueva Zelanda, donde el Departamento de Biblioteca y Estudios de Información se ha combinado con el Departamento de Sistemas de Información y el Departamento de Estudios de Comunicación en la Escuela de Comunicaciones y Gestión de la Información.

Por último, la diversificación se puede manifestar con la elaboración de nuevos cursos en diversos ámbitos aunque el tecnológico es el más importante.

Es cierto que habrá una serie de elementos básicos de la educación en biblioteconomía y documentación que permanecerán inalterables: los fundamentos profesionales, los servicios técnicos, la referencia y los servicios a los usuarios y la gestión y administración de la colección. La orientación de servicio es básica pero se basará en los principios de la organización del conocimiento. Para Virginia Cano, debemos de hacer una re-ingeniería de la profesión adaptándola a las nuevas necesidades del mercado sin que esto suponga la anulación de las prácticas y la cultura profesional que han sustentado el desarrollo bibliotecario.

Se trata de que seamos profesionales no solo del tratamiento, sino que seamos capaces de dar valor a la información. Así, Nicholson3 ve la gestión del conocimiento como el campo al que deben orientarse los estudios de biblioteconomía y documentación ya que reúne las habilidades de información con la influencia del capital intelectual y la experiencia colectiva de las organizaciones para crear valor y una importante ventaja competitiva en una economía basada en el conocimiento.

Gorman ya indicaba que la profesión y las facultades de biblioteconomía tienen que plantearse unas preguntas duras: ¿Qué están haciendo las instituciones emergentes de información y cómo lo están haciendo? ¿Cómo están atrayendo a los usuarios y clientes y cómo están usando la tecnología? ¿Cuáles son las expectativas del usuario y cómo es el cambio del comportamiento? ¿Cómo están usando la información que adquieren y de qué forma?

El debate es pues complejo desde hace años, y a nivel internacional, por lo que podemos aprender de lo que ya ha sucedido en entornos cercanos. Por lo que ciertos conflictos, que se dan aún en las universidades por la reforma de los planes de estudio, provocan cierta tristeza al saber que no afrontar ciertos cambios en profundidad nos puede llevar a la decadencia y marginalidad de nuestras titulaciones.

Notas:

1. Esta idea la encontramos por ejemplo en los siguientes autores y documentos: Ostler, L. J.; Dahlin, T. C.; Willardson, J. D. The closing of american library schools: problems and opportunities. Westport: Greenwood Press, 1995. P. 38-39; Paris, M. Library school closings: four case studies. Metuchen, NJ: Scarecrow Press, 1988.

2. En este sentido es muy interesante el reciente artículo: Pérez Agüera, J. R. Ingeniería documental frente a artesanía documental. ¿Cuál es el modelo a seguir?. El Profesional de la Información, 2008, v. 17, n. 3, pp. 257-260.

3. Citado por: Wagner, G. S. Future of education for library and information science: views from Australia. Education for Information, 2000, vol. 18, p. 128.

Referencias:

Cano, V. De bibliotecario a gestor de la información. Cambio de nombre o nuevas competencias. Tercer Encuentro de Directores y Docentes de Escuelas de Bibliotecología del Mercosur. Santiago, 1998.

Gorman, G. E. The future of Library Science Education. Libri, 1999, vol. 49, p. 1-10.

Wilson, T. D. Curriculum and catastrophe: change in professional education. ALISE Annual Conference. Celebrating our Traditions, Sharing our Dreams, Shaping New Strategies For Excellence in Library and Information Science Education. 2000, San Antonio. Consultado en: 23-05-2009.
Disponible en:
http://www.alise.org/

Carlos Tejada-Artigas
Miembro del Grupo THinkEPI

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