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El fin de las listas: la necesidad de bibliografías estructuradas

Por Carlos B Amat
27 May 2005

Introducción

Durante siglos las tareas de organización de la información han sido lineales, unidimensionales. Y la forma de distribuir esa misma información a los usuarios adoptaba la misma apariencia: los metros lineales de estanterías eran homólogos a las listas de referencias bibliográficas resultantes de cualquier consulta, manual o automática.

Hacia finales del siglo XIX, dos nuevos conceptos permitieron comenzar a mostrar alternativas a las listas informativas. Uno de ellos fue el sistema de archivo vertical, presentado en la Feria de Chicago de 1893 y cuyo descendiente más generalizado es el sistema de organización jerárquica de los archivos de ordenador1. El otro procede del campo de la información jurídica: las citas de precedentes legales que Frank Shepard transformó en producto en 18732 y que, casi 100 años después, inspiraron el desarrollo de los índices de citas científicas, además de continuar como referencia obligada en su propio campo hasta la actualidad. A los conceptos mencionados vino a añadirse un tercero, el de los esquemas clasificatorios facetados, desarrollados a partir de 1933 y cuyos conectores permiten poner en relación conceptos pertenecientes a jerarquías distintas3, situando un documento a lo largo de varias dimensiones.

Un contexto nuevo

Los conceptos puestos en juego por la teoría de citas en documentación científica, especialmente el cálculo de influencias ponderadas de Francis Narin y Gabriel Pinski, figuran en el punto de partida del primer sistema de recuperación de información distribuída de tipo estructural4. No se trata de que un documento o una sede Web reciba citas de otros documentos o enlaces a partir de otras sedes; importa, además, que esos documentos o sedes de partida sean significativas, importantes.

El sistema Google y sus seguidores configuran un nuevo contexto y obligan a reconsiderar la organización meramente lineal de la información y los documentos que la contienen. Y ello, entre otros motivos, por el carácter ingente, masivo del espacio informativo ahora accesible. Los usuarios se han venido acostrumbrando a desplazarse a través del espacio Web para acceder a casi cualquier objeto informativo concebible.

Los principios básicos que definen este modelo de organización espacial de la información son dos:

  1. todo documento está relacionado con otro y esta relación se desprende de su estructura, y
  2. la cuantificación de estas relaciones permite ordenar los documentos en espacios informativos.

Las afectaciones de una disposición legal, es decir, el conjunto de documentos anteriores que sustituye o enmienda y aquél otro de los documentos posteriores que la completan, corrigen o suprimen, es un ejemplo conocido del primer supuesto. Las listas de referencias bibliográficas de los documentos científicos y técnicos son otro.

La falta de ajuste

La mención de afectaciones y referencias en el párrafo anterior es deliberada. Las extraordinarias condiciones de consulta del Boletín Oficial del Estado quedan empañadas por la abundancia de sus resultados: una búsqueda genérica simple (leche o productos lácteos) ofrece más de 1600 resultados, de los que1500 corresponden a documentos vigentes. No es la única base de datos que muere a manos de su propio éxito. La consulta determinación de flavonoides por cromatografía de alta resolución puede arrojar, según los recursos interrogados, entre 600 y más de 1200 referencias; o entre 60 y 200 si se desean publicaciones recientes. Estos resultados sólo son abordables si quien demanda la información está dispuesto a costear su examen detallado. Casi nunca es el caso.

Y no sólo se trata de que los resultados de consultas sencillas en fuentes habituales sean inabarcables. También de la falta de ajuste entre el estado de conocimiento del usuario (desde lego hasta experto) y la dinámica de espacios informativos progresivamente masivos.

Iniciativas en marcha y pérdida de oportunidades

Cualquier profesional de la información científica conoce CrossRef ; algunos han empleado los citation y topic maps, diseñados por Inxight Software para el sistema HighWire, soluciones que transforman las relaciones entre documentos en hipervínculos, a veces dotados de expresión gráfica y que proporcionan un sentido de contexto en el recorrido de grandes bases de datos. Antes (NorthernLight) y más allá de Google se encuentran Vivisimo y su clustered search o la interface gráfica de resultados de Mooter. Es muy reciente la adopción de SFX en los sistemas españoles de automatización de redes bibliotecarias. Muchos profesionales están expectantes en relación con HistCite, un sistema cuyo uso ideal será el ayudar al usuario a identificar con rapidez los trabajos más significativos sobre un tema5, objetivo que lo sitúa más allá de los simples programas de visualización y diagramación de resultados de búsqueda.

Tras estas iniciativas se encuentran dos series de operaciones básicas:

  1. el mero aprovechamiento de la interconexión de recursos, y
  2. el procesamiento de las relaciones entre documentos para adjudicarles una posición determinada en espacios temáticos específicos.

Estas operaciones aún no se han puesto en marcha en nuestro entorno y los usuarios de la información están perdiendo interesantes oportunidades.

Así, una simple interconexión de recursos permitiría conectar, a través del código ISBN, los resultados de una consulta en la base de datos de la Agencia Española con los sistemas de las bibliotecas públicas o las redes académicas. Muchos catálogos permitirían la agrupación de registros correspondientes a sucesivas ediciones de una misma obra con un ligero esfuerzo de procesamiento y los usuarios de IberLex podrían obtener relaciones de documentos legislativos en cuya perfiería se situarían las correcciones y enmiendas y los textos que hubieran perdido su vigencia.

Al igual que en el caso de los índices de citas y de la búsqueda de documentos enlazados en el espacio Web, los usuarios tendrían también la oportunidad de juzgar la relevancia de los documentos relacionados si los resultados de cualquier búsqueda se expresaran de forma gráfica, situando los documentos más influyentes en el centro de una estructura que completaran aquellos otros interrelacionados con ellos. Hace casi 10 años que Tim Bray mostró una de las primeras formas de hacerlo. Se necesitan las bibliografías estructuradas: aquellas que muestren conjuntos de documentos interrelacionados y ordenados en un espacio temático definido.

Notas:

  1. Yates, JA: “Business Use of Information and Technology from 1880-1950″, in A Nation Transformed by Information: How Information Has Shaped the United States from Colonial Times to the Present, ed. Alfred D. Chandler, Jr., and James Cortada (Oxford Press, 2000), pags. 107-135. [volver]
  2. DuCahrne, B: A nineteenth-century linking application. Permalink, 1 de mayo de 2003. Accesible en: http://www.oreillynet.com/pub/wlg/3153 [18 de mayo de 2005]. [volver]
  3. Gil Urdiciain, B: Manual de lenguajes documentales. 2ª edición. Gijón, Trea, 2004. pags. 101-120. [volver]
  4. Page, L: Method for node ranking in a linked database. US Patent 6,285,999. 9 de enero de 1998. [volver]
  5. Garfield, E; Pudovkin, AI; Istomin, VS: Algorithmic Citation-Linked Historiography: Mapping the Literature of Science. 65th ASIS&T Annual Meeting, November 18-21, 2002. Philadephia, ASIS&T. [volver]
  6. Bray, T: Measuring the Web. Computer Networks and ISDN Systems, 28 (7-11): 993-1005, 1996. Accesible en: http://www5conf.inria.fr/fich_html/papers/P9/Overview.html [25 de mayo de 2005]




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