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1 respuesta a ¿Podemos hablar de crisis desde las bibliotecas?

  1. José-Antonio Gómez-Hernández

    REIVINDICAR LA CALIDAD DE LOS SERVICIOS

    Del análisis de Lluís Anglada (que suscribiría por completo) se concluyen muchas cosas preocupantes y que merecen atención:

    Parece que aceptamos (tanto los profesionales como la sociedad en general) como inevitable la reducción de recursos para las bibliotecas, lo que nos lleva a la paralización de la reivindicación o al abatimiento. Los bibliotecarios concretos estarán haciendo lo que pueden, quizás trabajando y haciendo más con menos en su puesto de trabajo, pero el problema no es ese, sino el envejecimiento de colecciones, el cierre de bibliotecas (hace unos días se cerraron 7 bibliotecas de la Red Municipal de Bibliotecas de Murcia, que el ayuntamiento gestionaba mediante externalización), la falta de mantenimiento de tecnologías y redes, con lo que supone de restar el servicio de internet en las bibliotecas o que no estén operativos los ordenadores, el freno a proyectos de modernización, y la falta de atención a necesidades sociales de muchos que no tienen otros medios para informarse, estudiar o acceder a contenidos.

    Parece fundamental evitar que se considere socialmente poco relevante la falta o el retroceso de los servicios bibliotecarios, y como dice Lluís somos nosotros los primeros que debemos evidenciar su utilidad y reivindicarlos. Los ciudadanos, como perjudicados por la reducción de nuestros servicios, deberían reivindicarlos también, pero debemos empezar dando ejemplo nosotros. Y desde luego, la ayuda y el liderazgo de nuestras asociaciones sería deseable, y es muy necesaria en un sector como el nuestro, muy atomizado en miles de bibliotecas con poco personal, situaciones diferentes y diversa dependencia administrativas.

    Luchar por mantener la calidad de los servicios para nuestros ciudadanos es una forma de demostrarles que nos interesan, que queremos serles útiles en sus procesos de aprendizaje permanente, inclusión, acceso a la información y a la consecución de sus objetivos. Aunque quizás no consigamos los objetivos o sólo en parte, demostrar que nos esforzamos por mantener nuestros servicios y evolucionar es una manera de ganarnos su confianza, visualizar nuestra convicción, evitar la transmisión de imágenes de impotencia, y conectar con la defensa que los usuarios deben hacer de sus derechos de acceso a la información a través de bibliotecas públicas en condiciones.

    La idea de que en el “imaginario popular la emergencia de lo digital podría anular la necesidad de la biblioteca física” debería estimular un esfuerzo colectivo de mostrar nuestra utilidad social en los tres ámbitos que indica Anglada.